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viernes, 24 de mayo de 2019

"Alicia en el país de las maravillas. A través del espejo. La caza del Snark", de Lewis Carroll


Título: Alicia en el país de las maravillas. A través del espejo. La caza del Snark

Título original: Alice's Adventures in Wonderland. Through the Looking-glass, and What Alice Found There. The Hunting of the Snark

Autor: Lewis Carroll

Año de publicación: 1865, 1871 y 1876, respectivamente

Traducción: Luis Maristany

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟

-Esto es lo que pasa cuando se vive a la inversa -dijo amablemente la Reina-: al principio, siempre da cierto vértigo.


Comentaré brevemente (no es broma) cada uno de los textos, así que son 3 reseñas en una. Sigo manteniendo la calificación general de 5 estrellas porque la relectura reforzó todo aquello que ya me gustaba. 

Alicia en el país de las maravillas 
Esta historia es archimega conocida. Alicia es una niña que está dormitando junto a su hermana y de repente ve que un conejo blanco vestido con chaleco y un reloj en la mano/pata se mete por una madriguera. Alicia lo sigue, cae por la madriguera y empiezan sus aventuras. Los seres que van apareciendo a lo largo de su camino son extraños, a pesar de mantener las formas de animales que conocemos. Hablan y utilizan una lógica que colisiona con la de Alicia, rompiendo un poco la rigidez de su educación. Lo gracioso es que, más de una vez, las criaturas tienen razón. 
No hay un hilo conductor de la trama. En caso contrario, no estaríamos ante el nonsense. Alicia se limita a ir de un lado al otro, igual que en un sueño, en donde se cruza con personajes que desconoce. Lo más arriesgado que debe hacer es sobrevivir las amenazas de decapitación (ignorándolas) de la inigualable en mal carácter Reina Roja. Puedo mencionar, también, los cambios de tamaño que la meten en problemas. 
Es un libro muy divertido, sobre todo por los juegos de palabras (me gustaría leerlo en inglés) y los poemas y canciones que no tienen ni pies ni cabeza. 

Alicia a través del espejo 
El monólogo (diálogo con su gato Mino, en realidad) de Alicia al inicio de este libro es genial. Me encanta eso de la Casa del Espejo. Cuando la niña lo atraviesa, entra de nuevo a Wonderland pero está ligeramente cambiado. En este libro Alicia tienen mayor incidencia en lo que sucede allí mientras sigue en el lugar de espectadora de hechos loquísimos y forma parte de conversaciones absurdas. Hay más participación de las reinas y aparece el archiconocido Humpy Dumpty, que para mí es un evidente recurso de Carroll para explicar su metodología en los poemas. 
Algo que esta vez me llamó la atención es el maltrato que recibe Alicia en ese mundo. Supuestamente busca la risa pero, cuando se lee que ella intenta pasar por alto los comentarios ofensivos, no me dan gracia y me parece chocante. O tal vez yo sea susceptible.
El final plantea una sospecha sobre la realidad, algo que en el libro anterior se deja implícito. Si bien esta parte me gusta menos que la primera, tiene cosas muy buenas que complementan las aventuras de la niña. 

La caza del Snark 
Es un poema largo, que consta de ocho capítulos o “espasmos”, como dice el título. El capitán de un barco y su tripulación van detrás de un Snark (mezcla de serpiente –snake- y tiburón –shark-). En el ínterin se dan conversaciones que dan pistas para cazar al preciado Snark. Sin embargo, hay un problema: es un animal que se suele confundir con uno más peligroso. Se lee rápido y es disfrutable, pero no me enloqueció.

¿Leyeron alguno de estos libros? ¿Tiene ganas de leerlos? ¡Que tengan un buen fin de semana!



viernes, 26 de octubre de 2018

"Una ciudad asediada", de Margaret Oliphant

Aprovechando que este mes tiene iniciativas muy lindas, como Leo Autoras en Octubre, quería cerrar este especial de Halloween con la reseña de un libro escrito por una mujer. Tal vez no sea para mí el mejor libro del mundo, pero Margaret Oliphant era una autora muy buena y creo que la mencioné un par de veces recomendándola. Y este libro es especial porque toca un tema sensible que se relaciona con lo que implica Halloween y el 2 de noviembre, a pesar de que la historia no mencione la fecha ni nada parecido. Si bien a mí el libro no me convenció, tal vez le pueda gustar a alguien más. Así que les dejo la reseña. 

Título: Una ciudad asediada

Título original: A Beleaguered City

Autora: Margaret Oliphant (1828- 1897)

Año de publicación: 1869

Traducción: Jon Bilbao 

Calificación: 🌟🌟🌟





Hacia tanto que no leía un libro de terror que la sinopsis de este (y conociendo previamente a Oliphant por La puerta estrecha) me había llamado poderosamente la atención. El problema es que cuando una lo empieza a leer deja de ser lo que esperaba, convirtiéndose en una historia amable sobre fantasmas que expulsan a los vivos de la ciudad por motivos religiosos. Los elementos de terror están en las primeras páginas y, una vez que se descubre quiénes son los asaltantes y cuáles son sus intenciones, los pierde.

El narrador es el Maire de Semur, Martin Dupin, quien deleitará al lector con párrafos en donde cada dos por tres se auto- halaga por lo inteligente y eficiente que es. Un buen día el cielo oscurece y todos los habitantes de la ciudad se ven aleccionados por una fuerza extraña que los expulsa de allí, obligándolos a permanecer del otro lado de las puertas. Sin mucha tardanza descubrirán que son los muertos (en donde se incluyen los seres queridos que han fallecido) que se han levantado coincidiendo con el cierre de una capilla. Sólo hay que sumar dos más dos.

Que los fantasmas deambulen por la ciudad y tengan contacto con los vivos es lúgubre. Confieso que, más que miedo, este libro me generó cierta tristeza por lo que implica su argumento, el saber que del otro lado de la puerta está el espíritu de alguien que se fue. Estos fantasmas no son violentos, no hacen volar objetos por los aires: son más mensajeros que otra cosa. La forma en que dan el mensaje es la que da miedo (o un mínimo escalofrío, para ser exacta), no ellos en sí. Los primeros acontecimientos están bien desarrollados y despiertan interés, a pesar de que una frase que se repite muchas veces ya los predice. Me parece una pena que el apabullante trasfondo religioso y el narrador antipático no colaboren con lo que se estaba contando. Llegan a saturar y confieso que me produjo un alivio que haya cambios de narradores… hasta que se dedican a hablar de la distribución de la gente en el refugio.

Hay personajes de todo tipo y justo el protagonista es el más insoportable: la mitad del libro se la pasa idolatrándose a sí mismo, haciendo comentarios cuestionables (pero acordes a la época victoriana, por más que esté ambientado en Francia) sobre las mujeres y gritándole a la gente. No soporto a los personajes que sólo gritan y exclaman. El mejor ha sido Lecamus, al igual que su parte de la narración. La esposa y la madre de Dupin son olvidables, ya que sólo adulan al Maire y cumplen a rajatabla lo que él se encarga de decir acerca del género. No me extiendo en esto porque no viene al caso, pero a este libro se le puede sacar mucho jugo por ese lado, visto y considerando que el terror brilla por su ausencia. Creo que Una ciudad asediada  es una gran advertencia. No pude encontrar si Oliphant era excesivamente devota, pero sí deducir que estaba mostrando la decadencia de la fe a finales del siglo XIX. Y no se le ocurrió mejor idea que plasmarlo en una novela y dar consejos indirectamente. Por suerte, Oliphant escribe muy bien y se puede disfrutar de su estilo. Lo que me quedó atragantado es lo repetitivo y lo solemne que se vuelve el asunto.

En fin, no pude congeniar del todo con este libro que prometía mucho. Le falta fuerza en el final y me dio la sensación de que la historia estaba para más, que podría haber tenido condimentos que no hicieran de ella algo tan etéreo. Me gustó a medias, más por lo que me dio para analizar que por la finalidad que creía que tenía Una ciudad asediada: darme un buen susto.


¡Que tengan un buen fin de semana!

viernes, 5 de octubre de 2018

"Frankenstein", de Mary Shelley

Título: Frankenstein o el moderno Prometeo

Título original: Frankenstein; or, The Modern Prometheus  

Autor: Mary Shelley (1797-1851)

Año de publicación: 1818 (la edición más leída es de 1831)

Traducción: dice "Punto de lectura", así que debe ser la de Manuel Serrat Crespo

Calificación: 🌟🌟🌟🌟

Debiera ser su Adán y, sin embargo, me trata como al ángel caído y me niega, sin razón, toda felicidad. 

Aclaración necesaria después de leer algunos comentarios: el libro me gustó más de lo que la reseña expresa. El lenguaje cargado es típico de la época, cosa que no quiere decir que tenga que gustarme sí o sí en una carta. Clasifiqué a la novela como "terror" por algunos elementos que pueden generar miedo, pero tengan en cuenta que este libro va más allá de eso. 

Se pueden decir miles de cosas acerca de Frankenstein, así que seré precisa, sobre todo teniendo en cuenta que, a pesar de que es un clásico y que toca temas muy interesantes que siguen tratándose hoy en día (por algo es un clásico, valga la redundancia), no me enloqueció. Esperaba que una novela gótica como esta me gustara tanto como Drácula, pero algo falló durante la lectura. Salteo la parte del argumento porque es archiconocida y sólo les estaría robando tiempo. 

Admiro la escritura rebuscada y tormentosa de Shelley. En algunos momentos, se encierra tanto que no deja respirar al lector, algo que me pareció razonable en una novela como esta. Está narrado en primera persona con formato epistolar, y a veces me pregunté si la receptora de esas cartas no tenía ganas de echarlas a la estufa. En serio. Me encantó la narración (excepto en las partes en donde se describen los viajes, en donde las palabras se me hacían de plomo), pero se vuelve demasiado artificial como para reproducirla en una carta. Es una de las razones por las cuales no me gustó del todo. Además, el constante acecho mutuo entre el doctor y el monstruo no me generaron ni expectativa ni horror cuando debía hacerlo, y sentí que a esas partes ya llegaba cansada y aburrida.

Pero Frankenstein no puede pasar indiferente ni aunque uno se duerma arriba del libro. Los debates sobre la ética de la ciencia, la megalomanía que sufre Frankenstein al principio (hasta que se lo castiga por eso, claro), el reclamo justo de una criatura que no tiene la culpa de que a un científico loco se le haya ocurrido crearlo y, para colmo, abandonarlo en un mundo que teme lo que no se entiende… Y la lista podría seguir. De más está aclarar que simpaticé más con el monstruo/ser humano que con el doctor. 

Cuando lo releí, se me hizo más liviano y encontré varios puntos llamativos que la nube de aburrimiento había tapado en mi lectura anterior. Sigo insistiendo en que las cartas son demasiado solemnes (no sé ni siquiera cómo fueron enviadas, ahora que lo pienso), pero el tono es entendible. Los personajes femeninos que están obligados a vomitar arcoíris para que los demás se revuelquen en ellos me dieron escalofríos. SPOILER Para colmo, a Elizabeth la presentan como un “regalo” (“pretty present”, “promised gift”) para Victor. Me pareció un gesto perverso de la madre. FIN DEL SPOILER Creo que Mary Shelley pasó por alto (o no reelaboró en su escritura) las ideas de su madre (quien murió después del parto) y se quedó con las ideas de su padre. Viéndolo desde lejos, puede que la figura de Elizabeth esté funcionando como protesta. Otra cosa que no me gustó: el prólogo de Percy B. Shelley. Prefiero el que Mary escribió para la edición de 1831.

Y siempre me pronuncio por una versión u otra de un libro, pero en este caso declaro un empate. La versión de 1818 no sólo es un poco más corta (porque hay pasajes que en la edición definitiva tienen más trabajo de escritura), sino que también tiene un tono menos apacible. Los cambios que Shelley hizo no alteran la esencia de la historia, pero corrigen aquello que en esta versión podía resultar polémico y amplía párrafos de forma tal que provoca que la miseria de Frankenstein sea aún mayor para el lector. Recomendable, sobre todo para fanáticos.


viernes, 14 de septiembre de 2018

"La dama de las camelias", de Alexander Dumas (hijo)



Título: La dama de las camelias 

Título original: La Dame aux camélias

Autor: Alexander Dumas hijo (1824-1895)

Año de publicación: 1848

Traducción: no especifica. 

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟






Este libro lo mencioné en la entrada de citas sobre mujeres y ya era hora de presentarles la opinión completa. Más que libro, es un librazo. Y se dice que esta historia sirvió de inspiración para  la película Moulin Rouge (2001). 

Reúne todas las condiciones que debe tener un libro para dejarme con un humor particular (tristeza, enojo o lo que sea): una buena historia, escritura impecable, personajes vibrantes y un final medianamente impredecible. Alexandre Dumas (no confundir con el padre, el autor de Los tres mosqueteros) se luce, casi que se pavonea, con este libro. Y es que, a pesar de que la historia parecía ponerse pesada por momentos, había algo que no me permitía quejarme. Realmente me interesaba lo que estaba pasando en ese amor exagerado, destructivo, entre Armando Duval y Margarita Gautier. 

Esto es un relato enmarcado en un prólogo que pretende señalarnos que la protagonista fue real y que los acontecimientos no lo son menos. Luego empieza el relato, ya con las identidades “falsas”, de un hombre que asiste a la subasta de las pertenencias de una cortesana que acababa de morir, Margarita Gautier. Se interesa por un libro que lleva una dedicatoria y lo compra. Poco después, el hombre que escribió la dedicatoria con puño y letra, Armando Duval, se aparece en su casa pidiéndole el libro. Lo bueno es que estos dos hombres van a entablar una amistad y Armando le narrará largamente al otro hombre cómo fue su relación con dicha mujer. 

Él se enamoró de una cortesana: el sufrimiento estaba garantizado. Pero la trama no va a carecer de celos, de angustias, de espionaje, ya que Armando está obsesionado con ella y Margarita, que distingue muy bien entre quién está a su lado porque le conviene y quién es sincero, le hará las cosas un poco difíciles. Es una historia trágica porque ya desde el inicio el lector se entera de que Margarita murió y de que ellos estaban distanciados. 

No tengo ninguna queja sobre el estilo de escritura. Tanto el hombre que empieza el relato como Armando son narradores que están muy bien construidos, son distinguibles y tienen un vocabulario sencillo, que no molesta a nadie. Dumas supo poner en Armando las palabras adecuadas para contar su desgracia (la de perder a la mujer amada por situaciones ajenas) y el libro fluye. Si se vuelve pesado en algunos pasajes, es por los reiterados lamentos y deducciones de enamorado (un enamorado que, por cierto, en varias ocasiones es desagradable). 

En cuanto a los personajes, son los típicos de las novelas francesas del siglo XIX: pasionales, movidos por intereses propios, violentos y nunca se sabe de qué trabajan. Armando se recibió de abogado, por ejemplo, pero vive de una renta anual porque no ejerce. La razón de su vida parece girar en torno a Margarita en cuanto la ve y aunque lo primero que consigue de ella es un desaire, insiste. Al principio sentí simpatía por él (me pareció un pobre tipo que no tenía otra cosa que hacer que perseguir a una cortesana), pero a medida que su “amor” crecía, dejó de caerme bien, ya que hace comentarios y cosas condenables a mis ojos. Por otro lado, Margarita es una mujer insoportable, joven, irónica y que desdeña a quienes le pagan el teatro (por así decirlo) que irá revelando su corazón a medida que avanza la relación. Creo que el crecimiento del personaje femenino, así como el derrumbamiento de Armando, están muy bien logrados. Los demás personajes secundarios ayudan a hacer esto o aquello en la trama y en algunos momentos hasta son consejeros de los otros, a pesar de moverse en zonas grises. 

La dama de las camelias no termina bien, pero el camino hacia el final se disfruta. No faltan las intrigas ni los planteos de amantes ni las fiebres súbitas, así que resulta entretenido (mientras no se vuelva repetitivo). Es un gran libro, escrito de una forma bellísima, que trata de dar cierto mensaje moral con toda la sutileza que puede. Personalmente no me molestó y creo que algunas cosas son ciertas. Y quién mejor que Dumas para expresarse, ya que el libro está inspirado en su propia experiencia y juega con la realidad de una manera envidiable.

viernes, 15 de junio de 2018

Nos ponemos mundialistas: reseña de "Eugenio Onieguin", de Alexander Pushkin

Empezó el Mundial de Fútbol en Rusia (creo que están todos enterados, jaja) y es una buena excusa para enganchar el tema con los libros. Así que hoy presento un libro de uno de los autores rusos que más me gustan. Ojalá que se lo lleven anotado :)

Título: Eugenio Onieguin

Título original:  Yevgueni Oneguin

Autor: Alexander Pushkin (me niego a usar "Alejandro")

Año de publicación: 1825

Traducción: Nina y Anatole Saderman

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟






En los pedestales literarios siempre hay algún libro que hace todo lo posible para que la gente dude del motivo de su permanencia en ese lugar. Según mi parecer, este no es uno de ellos. Mientras se lee se percibe su vigencia, se respira la atmósfera de los personajes, se viven sus tensiones. Y sí, también sus desfallecimientos. Esta historia abarca todo en pocas páginas: el hastío, el amor, el rechazo, las convenciones sociales, las apariencias y las verdaderas esencias. Suena a mucho, pero está tratado de una forma que ni decepciona ni crea la sensación de estar hablando de todo y de nada al mismo tiempo.

La trama es (más o menos) sencilla. El personaje del título es un joven que no se dedica a nada, salvo a asistir al teatro, fiestas y demás diversiones. No quiere compromisos, pero le encanta conquistar por deporte. Su vida es rutinaria y él, casi por consecuencia, padece de melancolía. Un día, le avisan que un tío que tiene una finca en el campo está muy enfermo y que desea verlo. Eugenio acude al llamado (no sin quejarse), el tío muere y entonces él se da cuenta de que el cambio de aires no le vendría nada mal. Allí conocerá a Lenski y se hará amigo de él. Y por medio de este muchacho conocerá a Tatiana, que tiene un papel fundamental en esta historia. 

En primer lugar, es destacable la voz del narrador. Inscripto en el romanticismo, Pushkin se tomaba muy en serio lo que hacía y buscaba que el texto tuviera una personalidad, un Yo marcado, así que no es extraño que sea un protagonista más de la historia. Es diez veces más molesta que la de Mark Twain en Las aventuras de Tom Sawyer, pero tiene unas intervenciones tan útiles, certeras y bellas (salvo cuando habla de los “piececitos” de las damas y de cómo los hacen sufrir y blah blah blah) que uno se olvida por completo de eso, salvo que padezca de intolerancia a los escritores “pretenciosos”. A veces hasta se da el lujo de opacar lo que está ocurriendo con sus criaturas, ya que retrasa la acción al divagar por temas profundos o superficiales. Los asuntos más interesantes, según mis gustos, son los de la oposición ciudad- campo y las continuas menciones a poetas y obras de teatro de la época (hayan muerto o no).

En segundo lugar, pero no menos importante, está la intensidad de los personajes. Hay un balance muy delicado entre los pares Oneguin- Lenski y Tatiana- Olga. Tan delicado es que los que deberían cruzarse por similitudes en el carácter no lo hacen. Todos cometen sus errores y ninguno intenta repararlos, algo que parece extraño y un poco adrede para que la historia continúe. La incapacidad de razonar y la exaltación de los ánimos desatan las consecuencias, así que bienvenido sea. Me hicieron acordar a los personajes de las tragedias griegas o shakesperianas, en donde sufren una especie de ofuscación que no les permite cambiar el rumbo de los acontecimientos y se precipitan a lo peor, por no pensar antes o por no poder ganarle al destino. Oneguin no se hace querer, pero tampoco se hace odiar y eso es un punto a favor. Reitero la preponderancia de Tatiana en el libro, por su temeridad al hacer algo que en su tiempo era inesperado. Y aunque el resultado no sea el más feliz, es un punto de quiebre y lleva la narración a otro nivel. El final me sorprendió gratamente y creo que está muy bien ubicado en mi ranking personal de “conclusiones que me dejaron en shock”. Si Pushkin buscaba un golpe de efecto, lo logró. 

Hay miles y miles de cuestiones para hablar sobre Eugenio Oneguin pero creo que recomendarlo con toda la fuerza recomendadora (?) del mundo es suficiente. Se puede decir mucho de Pushkin y mucho de Oneguin (¿serán la misma persona?). Curiosamente, hay una escena que después se replica en la vida real del autor, hecho que da un poco de escalofríos. En fin, es un libro memorable y vale la pena leerlo, sobre todo porque me dejó más claras las razones por las cuales el autor era tan genial. 

La relectura me produjo más admiración y era esperable. Después de leer La hija del capitán (ya voy a traer su reseña) una entiende que Pushkin era excelente forjando personajes complejos que eluden el acartonamiento que podría producir la exaltación del patriotismo o del hastío, por ejemplo. Si bien esta novela en verso fue compuesta por partes, las costuras, por suerte, no se notan (salvo en las estrofas que se eliminaron y dejaron su huella) y la historia siempre sigue su curso. No quería dejar de notar que hay un humor muy ácido en las observaciones sobre la vida en sociedad (a la que Pushkin entró no sin cierta reticencia), tal vez resentido, y hasta salpican las palabras de Lenski, el poeta. Maravilloso.


Estoy preparando, para el viernes siguiente, más recomendaciones, pero centradas en los países participantes ¡Que tengan buen fin de semana! 

viernes, 19 de enero de 2018

"La isla del Dr. Moreau", de H. G. Wells


Título: La isla del Dr. Moreau

Título original: The Island of Doctor Moreau

Autor: H. G. Wells

Año de publicación: 1896

Traducción: Carolina Martínez Muñoz

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟


El estudio de la Naturaleza vuelve al hombre tan cruel como la propia Naturaleza.


Siento que no puedo hablar de este libro sin evocar el espanto. Mientras lo leía resonaba en mi cabeza una frase de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, en donde alguien grita “¡El horror! ¡El horror!”. Un resumen de lo inexplicable. La isla…  me pareció igual de contundente en cuanto a la temática y cada capítulo termina con una frase que te envía directamente al siguiente, casi sin pausas, con una reflexión digna de figurar en las citas favoritas. Sé que mi reseña no estará a la altura del libro, pero puedo conformarme con expresar mis sentimientos hacia él. 

Edward Prendick es un biólogo que naufraga y es rescatado por un barco que tiene un cargamento y pasajeros muy peculiares. El cargamento se trata de animales enjaulados y quien debe llevarlos a una isla es un hombre llamado Montgomery que afirma vivir allí. Al llegar a la isla, Prendick (que no fue invitado a quedarse en ella, es importante aclararlo) se encuentra con una fauna indefinible y empieza a interiorizarse con los experimentos de un tal doctor Moreau. Lo demás, es sobrevivir. 

No quiero decir cuál es el secreto de la isla y qué es lo que se cuece en ella. Revelaría demasiado y le quitaría la gracia al libro, aunque probablemente muchos ya lo sepan (por spoilers o por las películas). Cualquier persona que tenga corazón (no importa si es proteccionista de animales o no) se sentiría apabullada por las atrocidades de las prácticas del doctor Moreau. Me abstengo de llamarlas “científicas”. Este libro me causó un dilema moral, un quiebre en el análisis pasivo-objetivo. Creo que refleja un poco las inquietudes de Wells acerca de la dirección que estaba tomando la ciencia sobre el final del siglo XIX (según pude leer, se pusieron “de moda” las vivisecciones y Wells también estudió biología) pero no quiero arriesgarme a decir algo más. Me gustaría leer La máquina del tiempo y otros de sus libros para esas cosas. Sí podría pensarlo por el lado de la hipocresía victoriana, ya que esto fue publicado en 1896: sigue en pie eso de ocultar la parte incivilizada del ser humano (e incluso la de los animales que se presentan en la isla) por temor a lo que surja en el caso contrario. Eso de poseer algo que no se puede controlar paraliza, pero también pone en marcha la inventiva del aparato represivo de Moreau. SPOILER  Por eso el recitado de las leyes, el látigo que portan los hombres, la “Casa del Dolor” que causa temor entre los híbridos. FIN DEL SPOILER 

Los personajes de La isla…  no están construidos para agradar. Para mí, ni Prendick se salva de los cuestionamientos. Moreau inflige dolor, pero Prendick no logra salir de su posición de hombre europeo privilegiado para empatizar con aquellos que son distintos, como si le costara desprenderse de la mirada de Robinson Crusoe. Apelo a dos o tres momentos de lucidez de Prendick en donde se abandona a su suerte. Sin embargo, Moreau es quien falla: su mirada (y sus actos, en consecuencia) es más peligrosa que la de Crusoe. Reinventa al ser humano o, mejor dicho, lo sigue entronizando frente a todos los seres vivos del planeta, sacándole las emociones. Y está bien jugado, porque de lo contrario sería igual a todas esas bestias que corretean por ahí, ¿no? Es terrible pensarlo, incluso decirlo en voz alta me da asco. Me he cruzado con personajes ficticios perversos, pero hacía mucho tiempo que no me cruzaba con uno tan indefendible (desde Lolita, para ser exacta). Se me ocurre compararlo con el doctor Frankenstein, en todo caso. Refiriéndome a lo puramente técnico, no estoy segura de que todos sean personajes redondos. Moreau y Montgomery no evolucionan y, SPOILER por no hacerlo, terminan siendo “devorados” en el final. FIN DEL SPOILER Si esto no implica darwinismo, no sé qué es. 

Sobre la narración, no tengo casi nada que criticar. No sé si eso me deja tranquila o si me inquieta por ser incapaz de encontrarle una fisura. La verdad es que el relato de Prendick es conciso, deja cuestiones implícitas para que las complete el lector y se expresa de manera sencilla, a pesar de ser un hombre de ciencia que hace esperar un discurso más enrevesado. Agradezco también que las descripciones de los procesos de experimentación no sean tan gráficas como creía (eso no quita que me hayan causado impresión, obviamente). Me gusta que Wells prefiera que se entienda todo antes que el libro quede abandonado por sus dificultades científicas y/o filosóficas, empapadas por las discusiones de fin de siglo. Hay frases, como ya dije, que son profundas y merecen darles la vuelta. No creo que leer este libro termine en una experiencia vacía, sobre todo porque permite aprender sobre el contexto. Los debates entre Prendick y Moreau, aunque disten de ser una gran iluminación (a mí me basta con el planteo, por lo menos), dan para pensar. Lo único que podría añadir, por una cuestión de género, es que las escasas mujeres que hay en este libro son animales y cargan con un trato peyorativo del narrador. No hay término medio: o parecen prostitutas o son pudorosas, además de feas. 

El final me gustó mucho porque no pasó por alto los problemas que trajeron esas experiencias. En ese sentido, el contraste con la civilización es muy sincero y me hizo recordar el final de otro libro. 

Así que me llevé La isla del doctor Moreau como una de mis lecturas preferidas del 2017. Siempre considero que las historias que impiden que las sueltes son las mejores y por lo general cuando me sucede terminan siendo excelentes. Esta no es la excepción. Me alegro de haber leído a Wells (¡por fin!) y saber que es un autor que va más allá de las aventuras de ciencia ficción e invita a quedarse en la isla después de cerrar el libro. Si me atrevo. 

martes, 3 de octubre de 2017

"El papel pintado de amarillo", de Charlotte Perkins Gilman: porque ser mujer también es de terror

Empezó octubre y, un poco a tono con lo que implica Halloween, voy a estar subiendo reseñas y una entrada de recomendaciones a lo largo del mes. Porque, por más que no se festeje en todos lados, nadie nos priva de eso. No soy una persona que mire películas de terror (me asustan mucho y lo digo en serio), pero me encanta leer ese género siempre que puedo. Hoy presento uno de los que más me gustan y en el blog pueden encontrar (si quieren leerlas) mis reseñas de Drácula y Siempre hemos vivido en el castillo (que es más de suspenso que de terror, pero está buenísimo y no me importa, igual lo recomiendo). Feliz mes del terror para los fanáticos 💀


Título: El papel pintado de amarillo (o "El empapelado amarillo")

Título original: The Yellow Wallpaper 

Autor: Charlotte Perkins Gilman (1860- 1935)

Año de publicación: 1892

Traducción: Victoria Rosado Castillo*

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟


No sé por qué tengo que escribir esto.
Yo no quiero.
No me siento capaz.
Y sé que John lo vería absurdo. Pero tengo
que decir lo que siento y pienso de una manera
o de otra... 

Perturbador. Muy perturbador. Me encantan los relatos que sugiriendo un poco dicen mucho y, si además están bien escritos y la historia atrapa, mejor. Para colmo, estuve husmeando en la vida de Charlotte Perkins Gilman y encontré una nueva autora de interés. Bingo.

The Yellow Wallpaper nos presenta a una protagonista sin nombre que narra su experiencia en una casa de verano, en donde vive durante unos días junto con su marido John porque ella sufre una depresión nerviosa. John, que es médico, le recomienda reposo y nada de trabajo, pero a falta de esto ella encuentra una obsesión: el horrible y maltratado empapelado amarillo de la habitación en donde duerme. Ella busca los diseños, las tramas, las interrupciones… y ahí empieza el problema.

Está escrito de una forma que envuelve al lector y lo incluye en la mente de la protagonista, un lugar del que uno quiere salir inmediatamente. Es exasperante. No es una crítica, sino un halago. Cuando la mujer describe el papel amarillo y cuenta el procedimiento de los diseños que va rescatando, además de comunicar que le tiene aversión y de contagiársela al lector, el descontrol empieza a hacerse presente en el relato y se precipita hacia los acontecimientos finales, que son tan confusos como aterradores (no es ningún spoiler: desde el primer párrafo ya se dilucida que esto no se trata de las vacaciones de una familia feliz). Y estos, dicho sea de paso, constituyen uno de los finales más impactantes con los que he tenido el placer de encontrarme. Lo leí tres veces: después de superar el desorden mental sufrí una especie de shock literario. 

Se me hace imposible dejar de lado el tratamiento médico al que la protagonista es sometida. Reconozco que ella tiene serios problemas y a veces hasta se vuelve irritante, pero es comprensible. Según John, un ser insoportable para mi gusto, su esposa necesita dejar de escribir por un tiempo y dedicarse a tareas tan “domésticas” como pasear por el jardín. Así que es muy interesante para analizar cómo la época victoriana cruzó el Atlántico y recluyó a muchas mujeres (enfermas o no) entre cuatro paredes. Prefiero evitar las comparaciones con las biografías de los autores, pero muchas veces no se puede ignorar que debajo de lo que se está leyendo hay algo personal, como un reclamo que no se puede hacer en voz alta o una ideología que respetar. Existen miles de lecturas para extraer de este relato y me fascinó, dos cosas que no siempre puedo congeniar.

En conclusión, el libro arrastra al lector y lo angustia con una historia un tanto tenebrosa y dinámica, pero no vacía de contenido. Es muy recomendable para aquellos que no teman quedar confundidos. Personalmente, después de terminarlo decidí que nunca en mi vida empapelaría una habitación de amarillo… Por las dudas.   

(*) No encontré la tapa de la traducción que leí

Leído en 2014

viernes, 4 de agosto de 2017

"Orgullo y prejuicio", de Jane Austen


Título: Orgullo y prejuicio

Título original: Pride and Prejudice

Autor: Jane Austen (1775- 1817)

Año de publicación: 1813

Traducción: José J. de Urríes de Azara

Calificación: 🌟🌟🌟🌟


Cuanto más conozco el mundo más me enoja, y todos los días confirmo mi creencia en la inconstancia de los caracteres humanos y en lo poco que se puede fiar de las apariencias de mérito o de talento.


Se hace difícil reseñar un clásico del cual ya está (casi) todo dicho, así que me voy a concentrar en mi opinión y no tanto en los elementos que describen al libro. Es, como la mayoría de los trabajos de Austen, una historia que se puede amar completamente por el desarrollo de los acontecimientos o vilipendiar porque los protagonistas carecen de sensualidad, cosa que lo hace aburrido para estos tiempos (o los lectores acostumbrados a estos tiempos). Sin embargo, creo que el problema pasa por la mala fama que le han hecho a Orgullo y prejuicio como un libro romántico en una época donde la definición del género está llena de contradicciones. Digo “mala fama” no porque un libro romántico sea de cuarta categoría (a pesar de que algunos lo son), sino porque me parece erróneo adjudicárselo a OyP con tanta soltura. Esta relectura abrió líneas de lectura que no había explorado y reafirmó que el objetivo principal de Austen era el de mostrar las ridiculeces que soportaba en esos años, usando como excusa la concertación de uno o varios matrimonios. Ese abanico que despliega en OyP lo vuelve más complicado, menos empalagoso y me sugiere por qué Austen nunca se casó, dejando a un lado que pueda confesarlo en alguna carta que todavía  no leí. No la culpo. 

Orgullo y prejuicio cuenta la historia de la familia Bennet, residentes de Longbourn, que está compuesta por padre, madre y cinco hijas mujeres (de mayor a menor): Jane, Elizabeth (Lizzy), Mary, Catherine y Lydia. Debido a que las mujeres no pueden heredar propiedades y a la muerte del señor Bennet la casa se legaría a un pariente varón, la madre de las muchachas no piensa en otra cosa que en acomodarlas mediante matrimonios ventajosos. Así que, cuando Charles Bingley, un hombre muy acaudalado, se muda cerca de los Bennet, la noticia de su soltería pone en alerta los instintos casamenteros de la señora de Longbourn. Ahí empieza la historia. Bingley tomará partido por Jane y, a la vez, este tiene un amigo medio gruñón que será importante en la trama: Fitzwilliam Darcy. 

La novela transcurre entre bailes, visitas, cartas, chismes y comparaciones entre la ciudad y el campo. Eso está garantizado por Austen. Noté que en esta ocasión los sucesos se me hicieron más fluidos y, comparándolos con otros libros de la misma autora, hasta fueron más agradables. De acuerdo a mi punto de vista, OyP está trabajado lo justo y necesario y goza de más libertad narrativa que Emma, por ejemplo. Hasta los personajes se sienten menos encorsetados en sus papeles y resultan más simpáticos, incluso si no lo son (estoy mirando a Collins de reojo, aunque admito que aporta la dosis de humor). El inicio se mete de lleno con el conflicto principal, es decir, la llegada de Bingley y su amigo Darcy, así que no introduce con lentitud. Eso me provocó dudas porque me daba la sensación de estar ante un libro troceado (hay cuestiones, como la relación entre el señor y la señora Bennet o las personalidades de las hermanas, que se hacen esperar), de esos en donde la información aparece mágicamente cuando la trama lo requiere, pero a la vez no. En la balanza pesó más la idea de que OyP es una novela que se desenvuelve sin la obligación de retratar todo en diez largas páginas sólo para que el lector pueda recorrer el resto sin sobresaltos. Me gustó que se tome el tiempo. 

Si no mencioné antes a Lizzy fue porque ella merecía su párrafo aparte. Es la verdadera protagonista de la historia ya que la mayoría de la narración se concentra en sus pensamientos y en su perspectiva. Lizzy odiará a Darcy por su porte reservado y orgulloso, sin olvidar que dice algo antipático sobre ella cuando la conoce. Y Darcy, por su parte, se mantiene distante de esa muchacha tan vivaz y contestadora. Me atrevo a decir que ella es una heroína bastante rara para la época. O, tal vez, yo me haya topado con pocas mujeres en la literatura de principios del siglo XIX que razonen tanto y tengan la capacidad de decidir qué hacer con sus vidas… a pesar de que las madres sean manojos de nervios andantes que las exponen como adornos en subasta. Al leer las salvajadas que exclama la señora Bennet (porque no habla, grita), toma sentido. De vuelta a Lizzy, me parece que le hace honor al pedestal de personajes literarios en donde está ubicada. Se avergüenza de la familia, se pasa de prejuiciosa, le cuesta pensar bien de la gente y está lejos de ser una sabelotodo. Austen nunca la presenta como un modelo a seguir, si no como un ser humano con errores y aciertos que busca desesperadamente la normalidad en un entorno que dedica horas y horas a hablar del matrimonio, la renta anual de X, vestidos y la vida de los vecinos, incluso en los momentos más delicados. Lizzy podría ser tranquilamente una mujer de este siglo atrapada en costumbres que hasta ella misma acepta, como el hecho de que una persona de rango inferior no pueda hablarle primero a una de rango superior y deba ser al revés. 

Me sorprendió encontrar (evidentemente, lo había olvidado) una descripción detallada de la indiferencia del señor Bennet hacia su esposa. En sus intercambios de opiniones se nota que a Bennet le importa un comino lo que le suceda a la señora, pero no había esperado que Austen le dedicara tiempo a ese matrimonio y que Lizzy fuera la que da la puntada final, en donde muestra su desilusión. Son párrafos agridulces y profundizan el comportamiento de Bennet en la novela. El “patriarca” de la casa pasa horas en la biblioteca e interviene para decidir… hasta que su voz se apaga. Los bocadillos que mete el señor Bennet se cuentan con los dedos y, a pesar de su hilaridad, transmiten la sensación de que él preferiría estar en cualquier otro lugar menos en esa casa llena de mujeres. En la primera lectura del libro lo vi con ojos más inocentes, pero ahora cambió un poco mi perspectiva. Con respecto a su esposa, sobrepasa los límites de mi paciencia si ignoro que se casó con el hombre equivocado. Me enoja que sólo piense en ganar esa carrera absurda que disputa con sus vecinas: “a ver quién establece a las mujeres primero”. Tiremos a nuestras hijas a los lobos con tal de que una alianza y una renta (de ambas partes) permitan su supervivencia, ya que si quedasen solteras traerían desgracias. Generalizo y uso “lobos” porque estas señoras que ofician de Cupido priorizan los ingresos del hombre, no la reputación. Ellos también sufren las presiones. SPOILER Basta con recordar a Catherine de Bourgh insistiendo en que Darcy debía casarse con su hija o a Bingley siendo persuadido por sus hermanas y el propio Darcy para que olvide a Jane. FIN DEL SPOILER  

No puedo omitir el tema de la relación amorosa entre los protagonistas, más allá de que sea muy común hablar de ello. Me encanta la forma paulatina SPOILER (bueno, a Darcy le costó menos enamorarse) FIN DEL SPOILER en la que estos dos tercos van cambiando los sentimientos desdeñosos por unos más positivos. En mis escenas favoritas siempre están ellos dos porque sus diálogos son chispeantes, incluso cuando pelean. Darcy trae polémica a la hora de opinar sobre él por las actitudes en las primeras páginas, pero creo que compensa las faltas en el carácter con lo que hace por Lizzy. Es más humano que sea imperfecto y no un depósito de cualidades que en la vida real brillan por su ausencia. 

Sostengo (no reseñé la primera lectura pero recuerdo qué me había faltado para las cinco estrellas) que el desenlace de la historia me pareció apresurado. En las últimas veinte páginas convergen todos los conflictos y se resuelven para que después Austen explique, en escasos párrafos, el destino de cada personaje. He observado este problema en otros libros de la autora y el más reciente fue Emma.  Particularmente, me hubiera encantado saber más de Mary, un personaje que se mueve como una sombra y es censurada cuando aparece. Una cuestión nueva que advertí fue que Bingley tiene poca participación y me dejó con ganas de conocerlo más. Aparece bastante al inicio y después la narración se limita a proporcionar información sobre su accionar, sin ahondar en el momento clave que le corresponde. Creo que se lo pinta mejor a Collins con las cartas larguísimas que escribe y su charlatanería pomposa. Estas cosas que señalo no desmitifican a Austen (para mí sigue siendo prácticamente indiscutible), sino que, a mis ojos, permiten considerar cuál de sus obras se acerca a la perfección, si eso existe. El hecho de que pueda aburrir o no pertenece al campo de la percepción del lector. Este libro me pareció muy dinámico aunque eso no justifique el final a las corridas, claro está.

Orgullo y prejuicio vale la pena el esfuerzo. No es un libro para todos (no existe el libro “para todos”, según mi criterio), pero al menos se puede utilizar para probar si Jane Austen se convierte en una escritora favorita o en una que conviene ignorar, pensando en una generación de lectores que probablemente la conozca más por las adaptaciones cinematográficas que por las novelas en sí. Como dato curioso, a Austen la descubrí así, porque la escuela nunca la mencionó y, en mi carrera, la pasan olímpicamente por alto. Algo me dice que su género y la asociación con libros dedicados a un público netamente femenino incentivan el olvido. Me causa extrañeza porque a las hermanas Brontë * se las podría acusar de lo mismo y, sin embargo, obtienen más reconocimiento. Supongo que forma parte de las numerosas incongruencias de este mundo tan grande llamado “literatura”.  Después de este lloriqueo lector- académico que solté, sólo me resta decir que adoro este libro y no hay argumento o desconsideración que me importe a la hora de hacerlo.    


(*) No tengo ningún problema con las Brontë (todo lo contrario), sólo las usé como ejemplo por los contrastes con el tratamiento que se le da a Jane Austen.

martes, 18 de julio de 2017

"Emma", de Jane Austen


Título: Emma

Título original: Emma

Autor: Jane Austen (1775- 1817)

Año de publicación: 1815

Traducción: Carlos Pujol

Calificación: 🌟🌟🌟🌟


[...] pero yo nunca me he enamorado; no va con mi manera de ser o con mi carácter, y creo que nunca me enamoraré. 

Me encanta Jane Austen y hoy se cumple otro aniversario de su fallecimiento. Este mes estoy releyendo Orgullo y prejuicio, el primer libro que leí de esta autora, y encontré que había cosas que había olvidado completamente o pasado por alto. Sé que hay mil maneras más creativas de recordar a Austen (y que otros prefieren olvidarla, ya que es una autora tan amada como odiada), pero me contento con subir la reseña de uno de los libros que más me gustaron de ella.

Gracias, Jane Austen, por no decepcionarme aún. Se nota que este lo escribió durante la madurez, porque ni Sensatez y sentimientos ni Orgullo y prejuicio tienen una trama que se asemeja a la de este y a la vez es más compleja. Uno de los motivos puede llegar a ser una protagonista que no lleva un cartel pidiendo que el lector la quiera (salvo en ocasiones puntuales) y muchos personajes que dan falsas impresiones. No pueden faltar las descripciones de los entretenimientos de zonas rurales y la fina ironía que utiliza Austen para quejarse de la sociedad. Podría haber sido perfecto pero, sobre el final (y trataré de justificarlo sin spoilers más adelante), se cortan hilos sin ninguna delicadeza y los acontecimientos se precipitan mucho. Contrastando esto con la lentitud del principio, no puedo pasarlo por alto. 

Como siempre, la corrección de la sinopsis de la edición que leí (la de la foto, también marcada en Goodreads): Emma no se muda a Hartfield porque ella ya vive allí. No está aburrida y Knightley no debería aparecer de golpe en el párrafo. En resumidas cuentas, Emma Woodhouse es una señorita de veintiún años, vive con su padre y ambos pertenecen a la buena sociedad de Highbury. La que se muda es la institutriz, Anne Weston, porque se casa. El matrimonio estuvo casi arreglado por Emma, ya que tiene como pasatiempo armar parejas y predecir una boda para los novios. Esto le va a traer problemas cuando intente hacer lo mismo con Harriet Smith, una amiga de condición social inferior. 

Después del insoportable párrafo que cuenta el argumento, los elogios: me encanta Emma como protagonista y creo que es una de las mejores de las novelas de Jane Austen (me falta leer Mansfield Park, para tener una idea acabada). Es egoísta, juzga a los demás por su clase social, cree que es la titiritera de la gente que la rodea y sólo tiene a George Knightley para que la enderece un poco en sus acciones. No quiere casarse y analiza punto por punto las situaciones que vive. No se la puede apreciar apenas empieza el libro porque la actitud molesta, es cierto, pero no se puede sacar a Emma de su contexto. Vive en una época en donde las personas eran definidas por sus posesiones y su renta anual, así que ella hace lo mismo porque, en realidad, no es tan inteligente como la pintan. Su poder de observación no es infalible y, por supuesto, no hay párrafos en donde filosofe sobre la vida o la economía de Gran Bretaña. Su inteligencia está basada en lo que se consideraba así en ese siglo para las mujeres. Obviamente, a los hombres se los medía con otros parámetros y tal vez por eso Emma toca una fibra sensible y Frank Churchill o Elton, que son más insoportables que ella SPOILER (y no, para mí el final no lo redime), FIN DEL SPOILER no lo hacen. Así que no hemos cambiado. Lo importante es que Emma va suavizando las opiniones y las actitudes a medida que se mete en problemas porque, a fin de cuentas, tiene capacidad de autocrítica. Me hubiera gustado que midiera las consecuencias de sus actos antes de ejecutarlos, ya que era tan lista. 

Hay otros que merecen que se los mencione porque completan el universo Austen. Knightley, Harriet y Augusta son tres muestras de distintos tipos de personas que se encuentran a menudo en estas novelas, pero tienen características que los diferencian del resto. Knightley tiene todo y no presume, Harriet no tiene nada y no le importa y Augusta tiene todo y lo refriega en cualquier rostro que se le cruce. Creo que Austen trabaja muy bien con estos tres y los desarrolla para que queden como ejemplo de esa sociedad que ella tanto miraba de reojo (el tratamiento era mutuo, me atrevo a decir). Luego está el padre de Emma, siempre listo para aportar la cuota de humor con su excesiva preocupación médica y climática. Todos son muy sinceros y algunas frases son difíciles de digerir desde la perspectiva de un siglo más benevolente, aunque sobrevivan los hipócritas. 

El puntapié inicial de la historia se da cuando Emma desea que Harriet, en detrimento de un hombre humilde que ama, se case con el señor Elton, quien la haría ascender socialmente. Harriet es una especie de proyecto de Emma y, a pesar de la manipulación a la que la pobre chica se somete sin ofrecer resistencia, la amistad entre ellas llega a ser importante en la trama. A partir de allí, se suceden los equívocos que no pueden faltar en las novelas de Austen, las palabras mal interpretadas, los temperamentos poco sondeados. Hay bailes, visitas y excursiones (otra cosa no se puede hacer, ya que no están en Londres) que sirven de marco para estos sucesos. Están bien armados y no detecté muchas conversaciones innecesarias, salvo las de la señorita Bates porque lo requería su personaje. Siempre está la sensación de que dan demasiadas vueltas para decir algo simple, pero se puede superar. La narración es afilada y se me hizo más llevadera y sensible que la de otras novelas de Austen (como Sensatez y sentimientos, por ejemplo). Básicamente, todo esto bien. Sin embargo, porque nada existe sin un “sin embargo”, la resolución del final me pareció precipitada. Creo que es uno de los pequeños defectos de la escritora: en las últimas treinta páginas se revelan cosas que se pueden sospechar desde el principio y, aunque causan enternecimiento, producen efecto de choque. O de incomodidad, al menos. SPOILER De repente, Harriet desaparece de la vida de Emma después de la confesión y hay un corte brusco en las relaciones, a pesar de que pase el tiempo. Me decepcionó que Emma se casara y tirara por la borda sus convicciones, pero bueno... Si se enamoró no la culpo. FIN DEL SPOILER Los cabos sueltos se dejan así como están y no pude atisbar un esfuerzo por terminarlos de buena manera. 

Con Emma queda reforzada la idea de que hay elementos que no se pueden juntar sólo porque se le ocurre a una sola persona sin tener en cuenta los sentimientos de la otra. Aun así, predomina (guste o no guste) la conveniencia por sobre los sentimientos. Austen no ofrece muchas salidas a esto: si alguien ama a una persona de baja condición, entonces las amistades y el trato hacia ella cambiará de acuerdo a cuántos escalones baje. Si los sube, obviamente, tendrá más beneficios. Y esta novela lo aclara y lo explica con lujos de detalles, además de cierta insistencia. Allí está la habilidad de Austen. Puede llegar a ser muy instructiva… y muy convincente. 

Emma se toma o se deja. A pesar de que el inicio del libro no tenga un brillo que invite a seguir leyendo, lo bueno empieza a surgir a los pocos capítulos. Ya no se vuelve tan largo y los personajes adquieren forma junto con la trama. Reconozco que Emma no es la protagonista más simpática del mundo y le falta mucho para ser Lizzy Bennet, pero tampoco encuentro razones para odiarla fervorosamente. El libro en sí mismo me pareció uno de los mejores de la autora (siempre me quedará la duda sobre lo genial que hubiera sido Sanditon) y lo recomendaría para lectores pacientes que no le teman a personajes no muy heroicos. 

viernes, 23 de junio de 2017

"Yo acuso: la verdad en marcha", de Émile Zola


Título: Yo acuso: la verdad en marcha

Título original: J'accuse...!

Autor: Émile Zola (1840- 1902)

Año de publicación: 1898

Traducción: José Elías

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟

¡La verdad! ¿En qué concepto la tenéis, en todo este episodio que sacude por entero a una vieja organización, para creer que es un objeto sencillo y manejable, que se pasea por la palma de la mano y que se pone a voluntad en la mano de los demás como un guijarro o una manzana? 


Este libro resulta curioso porque consiste en una reunión de los artículos que publicó Émile Zola durante el caso Dreyfus y tienen una potencia atroz. Algunos pasajes hasta podrían resonar todavía en nuestros tiempos, como aquellos en los que se expone el intento de iniciar una guerra religiosa. Resumo rápidamente el caso: en 1894, el Ministerio de Guerra francés acusó al capitán Alfred Dreyfus de haber facilitado documentos confidenciales a los alemanes. La prueba contundente nunca se hizo pública y, a pesar de que un hombre llamado Ferdinand Walsin Esterhazy apareció como el verdadero traidor, a este se lo absolvió. Así, Dreyfus sufrió una especie de re-acusación, en donde además pesa el hecho de que era judío y alsaciano en un contexto antisemita y nacionalista. No es un dato menor. El pedido de la familia de Dreyfus para que se revise el juicio fue tomado en cuenta por mucha gente. Francia se dividió en dos: los que estaban a favor de Dreyfus y los que no. Hay unos cuantos nombres conocidos en ambos bandos. Zola (que pertenecía al primer grupo) se comprometió tanto con el tema que sus artículos lo llevaron a la cárcel y al exilio, debido a que las figuras públicas a las que él responsabilizó del escándalo judicial, político y social tomaron medidas y lo denunciaron por difamación. 

Lo interesante se contempla en cómo este escritor se dirige hacia las partes involucradas y utiliza la palabra para provocar un cambio. Se exalta al defender y defenderse, tratando de dar un “golpe” que despierte a esa Francia que tanto bregaba por los derechos del hombre. Zola ataca al antisemitismo (le quedó claro que, si se continuaba con la acusación a Dreyfus, era más por motivos religiosos que convicciones judiciales), a la prensa (la titiritera de los humildes, según su percepción, y la que echaba leña al fuego), a las autoridades y hasta llega a enviarle una carta a los presidentes. Yo acuso resulta ser un texto muy bueno por la claridad con que se pinta el día a día del caso y de la opinión pública, que sacaba de quicio a Zola. Él se ofrece como sacrificio en pos de la verdad y de la justicia y tal vez suene un poco grandilocuente. Lo cierto es que su análisis, por más molesto que sea (lo digo refiriéndome a la subestimación que hace de la inteligencia del pueblo, no a la defensa en sí), pone en el tapete muchos asuntos para pensar. Uno de ellos es el concepto de la verdad. Y, si bien el indulto a Dreyfus se otorgó mucho tiempo después, dejó al desnudo que Francia tenía dos caras. 

La edición (por si alguien tiene la misma o piensa adquirirla) está parcialmente incompleta. “El juicio”, “Carta a la juventud”, “Carta a Francia”, “Yo acuso” y “Declaración ante el jurado” son los únicos textos que se reproducen en su totalidad. Los demás, como la carta que le escribió a la esposa de Dreyfus, están constituidos por una selección de fragmentos. 

sábado, 17 de junio de 2017

"Tess: una mujer pura", de Thomas Hardy

Título: Tess: una mujer pura

Título original: Tess of the d'Urbervilles: A Pure Woman Faithfully Presented

Autor: Thomas Hardy (1840- 1928)

Año de publicación: 1891

Traducción: Manuel Ortega y Gasset 

Calificación: 🌟🌟🌟🌟

Todo esto ocurre por haber nacido en un astro picado y no en uno sano, ¿verdad, Tess?


Qué buen libro y qué buen final. Temía un poco perderme en la fama que tenía y decepcionarme, pero en la lectura me di cuenta de que la atención puesta en este libro no es gratuita. Tess habla, muestra, protesta. No creo que Hardy haya sido tan inocente como para no hacerlo y eso se nota en sus prefacios. Imposible no tratar de decir algo de una época tan acartonada e hipócrita como la victoriana.

La historia es, desde el principio, muy desgraciada y hay un hecho bisagra (que sucede en los primero capítulos) que está en casi todas las sinopsis. Me veo en la encrucijada de contarlo o no para no arruinar detalles, pero en todo caso lo oculto como spoiler (sólo tienen que seleccionar lo que ven en blanco). Tess Durbeyfield es una joven muy hermosa, hija de un vendedor de cera que de la noche a la mañana se entera de que él y sus hijos son el último eslabón de una familia muy antigua, los d’ Urberville. El padre de Tess se pone loco de contento y empieza a proclamar por todo el lugar (esto transcurre en la campiña) que es descendiente de caballeros. Ahora bien, parece que alguien más ha adoptado la forma original del apellido y cuando se produce un momento de necesidad económica (los Durbeyfield son pobres) la envían a Tess a pedir limosna, básicamente. Y, si es posible, que se case con el joven de la familia.

El acontecimiento que marca todo el resto del libro y no se puede obviar del todo es que SPOILER el joven Alec d’ Urberville se obsesiona con Tess y abusa de ella mientras estaba dormida en el bosque. Por supuesto, él lo va a negar y a decir que tuvo su consentimiento, cuando en realidad Tess no sabía ni lo que estaba haciendo, gracias a la ignorancia a la que los padres sometían a sus hijas en lo tocante al tema. FIN DEL SPOILER Esto pondrá en duda, por la consecuencia que trae, qué tan pura es Tess. Porque a ella nadie le preguntará qué pasó y si se siente bien, no, no. Ni su madre (una bestia) lo hará. A Tess la señalarán con el dedo y murmurarán detrás de sus espaldas, no importa si se quiebra el cuerpo trabajando y trata de ganarse el sustento. Entonces Tess tendrá que buscar un rumbo nuevo e irse de la casa paterna. Previamente, habrá un cruce con un personaje importante de la historia, Angel. Cuento todo esto porque, más allá de que el libro sea literariamente bueno, creo que la historia merece un foco aparte.

Hardy lleva al lector a dar un paseo (no siempre grato) por el campo, en el sur de Gran Bretaña, si no me ubiqué mal. La ciudad siempre es algo lejano, un lugar de rebote, no de paso. A la ciudad se va para viajar hacia otra parte, al campo se va a vivir experiencias. Las descripciones en tercera persona de los trabajos rurales son muy buenas (y supongo que acertadas, porque admito que no busqué el proceso de elaboración de la manteca en esos tiempos, por ejemplo) y demuestran el poder de observación y de compromiso de Hardy, quien, al parecer, tenía ciertos problemas con la industrialización. Hardy pone a prueba a la gente, porque los términos que utiliza no son los que una acostumbra a cruzarse en los libros, ya que la labor en la lechería tiene sus términos específicos, al igual que las demás. En ese momento la lectura se entrecorta un poco, pero no la desalienta. El único momento en donde sentí que el libro se hacía lento fue durante la cuarta y la quinta parte, porque hay algunos hechos que se alargan innecesariamente y esto, acompañado de las descripciones de Hardy, me causó cierto malestar.

Otra cosa que fue difícil de seguir porque era omnipresente: la religión. En este libro coexisten personajes con creencias pertenecientes a distintas iglesias. No recuerdo si hay algún capítulo en donde no se mencione algo de eso. Me parece que existe cierta crítica de Hardy en algunas frases, sobre todo porque ninguna de las religiones es capaz de albergar a Tess, que tiene una confusión tremenda en cuanto eso. Supongo que pensar esto hace que haya alguna utilidad en toda esa parafernalia de credos y mucho más en una población rural, pero en un punto me agotó. SPOILER La gota que rebalsa el vaso es asistir a la conversión de Alec en un predicador, cosa que no le dura mucho porque él mismo se encargará de culpar a la mujer de haberlo “tentado” dos veces. Es una de las ironías del destino de las mujeres: Alec encuentra consuelo en la religión, Tess no. FIN DEL SPOILER

En cuanto a los personajes, todos poseen sus luces y sus sombras. Hardy los matizó maravillosamente bien porque en algunas situaciones una duda de ellos, de su verdadera personalidad. Las reacciones que cada uno de ellos tiene ante el pasado de Tess sirven como vara para medir, por ejemplo. Y más de uno causa una decepción, ya que se espera más compasión por la protagonista. Tess me cayó bien como heroína porque toma decisiones pero es exasperante cuando no piensa por sí misma. Está atravesada (y me juego a que está hecha así a propósito) por las creencias de los demás, por los pensamientos ajenos, por los tiempos ajenos. Piensa que su condición la limita y no tiene otra opción que agachar la cabeza y dejarse manipular. Como ya dije, el siglo XIX se encargó de destrozar a las mujeres con su paradigma moral insostenible y disparejo y el desinterés por verlas más allá del rol de esposa, madre y cosa (sí, ser una cosa sigue siendo un rol). SPOILER Es muy impresionante la parte en la que Tess se “afea” porque advierte que su principal problema es ser hermosa y llamar la atención de hombres a los cuales ella no les pide ninguna opinión.  FIN DEL SPOILER La ingenuidad y la desesperación por ser aceptada la llevan a cometer un error muy grande y pierde lo que más quiere por eso. Tess es arrastrada por las circunstancias, a fin de cuentas. Los demás protagonistas, como Angel, el desagradable Alec, los padres de Tess (aunque estos aparecen menos) y las nada rencorosas Izzy y Marian, contribuyen a elaborar el destino de Tess.

El final es inesperado pero el libro da pistas y hay que prestar atención. Hardy plantea un dilema y, aunque se evidencia que está de parte de Tess, el narrador trata de tomar distancia del asunto y está bien. Pienso que, de haber ocurrido eso en el principio, el curso de la historia hubiera sido el mismo, así que está puesto estratégicamente para que impacte y cierre el libro.

No sé si seré muy exagerada al decir que Tess me pareció uno de los mejores libros escritos durante la época victoriana. Hay muchos y tal vez en un punto todos se asemejan, por eso me atrevo a decirlo. Y creo que la protagonista sufrida y desesperada, en este caso, toma un riesgo que no vi que lo tomaran otras. Me quedo con la sensación de que Tess logró cubrir mis expectativas con sólo contarme la historia de una mujer desdichada, víctima de su entorno íntimo y del contexto social.