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viernes, 9 de marzo de 2018

"Una habitación propia", de Virginia Woolf

Aprovechando que marzo es el mes de la mujer (estoy perdida en el tiempo, creí que seguía siendo febrero... bien, Yani) decidí publicar continuamente, hasta abril, reseñas de libros de autoras con protagonistas femeninas. Como entrada destacada, en la barra lateral van a poder encontrar la colección de citas que dediqué al tema de las mujeres hace unos meses. Me hubiera gustado preparar algo más, como las reseñas que todavía no pude escribir de los libros del reto #WomenPNL, pero la verdad es que la universidad me está matando (y no suavemente). Dejando las explicaciones de lado, me pareció lógico publicar primero mi pequeña opinión sobre uno de los libros que no debe faltar en ninguna biblioteca.


Título: Una habitación propia

Título original: A Room of One´s Own

Autor: Virginia Woolf (1882- 1941)

Año de publicación: 1929

Traducción: Laura Pujol

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟 

Ninguna fuerza en el mundo puede quitarme mis quinientas libras. Tengo asegurados para siempre la comida, el cobijo y el vestir. Por tanto, no sólo cesan el esforzarse y el luchar, sino también el odio y la amargura. No necesito odiar a ningún hombre; no puede herirme. No necesito halagar a ningún hombre; no tiene nada que darme.



Lamenté haber tardado tanto en leer un libro que atrapa desde el principio, porque cuando lo hice en su momento estaba con muchos asuntos y no pude leerlo seguido. Tener que soltarlo era un poquito doloroso, aunque hubo una ventaja: no se terminó tan rápido. 

Una habitación propia es un ensayo que problematiza la autoría femenina desde algunos elementos que Woolf decide tomar para hablar de ello. En este caso, se dedica a la falta de un espacio en donde la mujer pueda escribir tranquila. Sin embargo, a medida que uno avanza la lectura se encuentra con otras cuestiones que se desarrollan (como, por ejemplo, la amargura que marcó a muchos de los textos compuestos por mujeres) con fluidez. No hay nada que se desperdicie porque, incluso cuando uno cree que se desvió del tema, sabe que Woolf (o la no- Woolf narradora) está diciendo algo. O será que a mí me encantan las descripciones de Londres y no las considero inútiles.

Hay observaciones muy interesantes sobre Jane Austen y las hermanas Brontë y varios comentarios que contienen ese sarcasmo tan admirable que arranca una sonrisa cómplice. Porque uno entiende que las comparaciones y las humillaciones son odiosas y porque ni siquiera hay que ser mujer para comprender que, efectivamente, la libertad de pensamiento nunca fue igual para todos. Por ende, el desarrollo de la creatividad tampoco lo fue. La historia inventada sobre la mujer que en la época isabelina tenía el genio de Shakespeare se relaciona con esto y sobrevuela todo el ensayo.

Se lo recomiendo a todos, sin distinción de género, porque es un texto precioso que trata un tema más precioso aún (esa fue una opinión totalmente mía). Si alguna vez se enfrentaron con una hoja en blanco o se dedican a leer a autoras, lo van a entender.

¡Buen fin de semana!

viernes, 19 de enero de 2018

"La isla del Dr. Moreau", de H. G. Wells


Título: La isla del Dr. Moreau

Título original: The Island of Doctor Moreau

Autor: H. G. Wells

Año de publicación: 1896

Traducción: Carolina Martínez Muñoz

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟


El estudio de la Naturaleza vuelve al hombre tan cruel como la propia Naturaleza.


Siento que no puedo hablar de este libro sin evocar el espanto. Mientras lo leía resonaba en mi cabeza una frase de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, en donde alguien grita “¡El horror! ¡El horror!”. Un resumen de lo inexplicable. La isla…  me pareció igual de contundente en cuanto a la temática y cada capítulo termina con una frase que te envía directamente al siguiente, casi sin pausas, con una reflexión digna de figurar en las citas favoritas. Sé que mi reseña no estará a la altura del libro, pero puedo conformarme con expresar mis sentimientos hacia él. 

Edward Prendick es un biólogo que naufraga y es rescatado por un barco que tiene un cargamento y pasajeros muy peculiares. El cargamento se trata de animales enjaulados y quien debe llevarlos a una isla es un hombre llamado Montgomery que afirma vivir allí. Al llegar a la isla, Prendick (que no fue invitado a quedarse en ella, es importante aclararlo) se encuentra con una fauna indefinible y empieza a interiorizarse con los experimentos de un tal doctor Moreau. Lo demás, es sobrevivir. 

No quiero decir cuál es el secreto de la isla y qué es lo que se cuece en ella. Revelaría demasiado y le quitaría la gracia al libro, aunque probablemente muchos ya lo sepan (por spoilers o por las películas). Cualquier persona que tenga corazón (no importa si es proteccionista de animales o no) se sentiría apabullada por las atrocidades de las prácticas del doctor Moreau. Me abstengo de llamarlas “científicas”. Este libro me causó un dilema moral, un quiebre en el análisis pasivo-objetivo. Creo que refleja un poco las inquietudes de Wells acerca de la dirección que estaba tomando la ciencia sobre el final del siglo XIX (según pude leer, se pusieron “de moda” las vivisecciones y Wells también estudió biología) pero no quiero arriesgarme a decir algo más. Me gustaría leer La máquina del tiempo y otros de sus libros para esas cosas. Sí podría pensarlo por el lado de la hipocresía victoriana, ya que esto fue publicado en 1896: sigue en pie eso de ocultar la parte incivilizada del ser humano (e incluso la de los animales que se presentan en la isla) por temor a lo que surja en el caso contrario. Eso de poseer algo que no se puede controlar paraliza, pero también pone en marcha la inventiva del aparato represivo de Moreau. SPOILER  Por eso el recitado de las leyes, el látigo que portan los hombres, la “Casa del Dolor” que causa temor entre los híbridos. FIN DEL SPOILER 

Los personajes de La isla…  no están construidos para agradar. Para mí, ni Prendick se salva de los cuestionamientos. Moreau inflige dolor, pero Prendick no logra salir de su posición de hombre europeo privilegiado para empatizar con aquellos que son distintos, como si le costara desprenderse de la mirada de Robinson Crusoe. Apelo a dos o tres momentos de lucidez de Prendick en donde se abandona a su suerte. Sin embargo, Moreau es quien falla: su mirada (y sus actos, en consecuencia) es más peligrosa que la de Crusoe. Reinventa al ser humano o, mejor dicho, lo sigue entronizando frente a todos los seres vivos del planeta, sacándole las emociones. Y está bien jugado, porque de lo contrario sería igual a todas esas bestias que corretean por ahí, ¿no? Es terrible pensarlo, incluso decirlo en voz alta me da asco. Me he cruzado con personajes ficticios perversos, pero hacía mucho tiempo que no me cruzaba con uno tan indefendible (desde Lolita, para ser exacta). Se me ocurre compararlo con el doctor Frankenstein, en todo caso. Refiriéndome a lo puramente técnico, no estoy segura de que todos sean personajes redondos. Moreau y Montgomery no evolucionan y, SPOILER por no hacerlo, terminan siendo “devorados” en el final. FIN DEL SPOILER Si esto no implica darwinismo, no sé qué es. 

Sobre la narración, no tengo casi nada que criticar. No sé si eso me deja tranquila o si me inquieta por ser incapaz de encontrarle una fisura. La verdad es que el relato de Prendick es conciso, deja cuestiones implícitas para que las complete el lector y se expresa de manera sencilla, a pesar de ser un hombre de ciencia que hace esperar un discurso más enrevesado. Agradezco también que las descripciones de los procesos de experimentación no sean tan gráficas como creía (eso no quita que me hayan causado impresión, obviamente). Me gusta que Wells prefiera que se entienda todo antes que el libro quede abandonado por sus dificultades científicas y/o filosóficas, empapadas por las discusiones de fin de siglo. Hay frases, como ya dije, que son profundas y merecen darles la vuelta. No creo que leer este libro termine en una experiencia vacía, sobre todo porque permite aprender sobre el contexto. Los debates entre Prendick y Moreau, aunque disten de ser una gran iluminación (a mí me basta con el planteo, por lo menos), dan para pensar. Lo único que podría añadir, por una cuestión de género, es que las escasas mujeres que hay en este libro son animales y cargan con un trato peyorativo del narrador. No hay término medio: o parecen prostitutas o son pudorosas, además de feas. 

El final me gustó mucho porque no pasó por alto los problemas que trajeron esas experiencias. En ese sentido, el contraste con la civilización es muy sincero y me hizo recordar el final de otro libro. 

Así que me llevé La isla del doctor Moreau como una de mis lecturas preferidas del 2017. Siempre considero que las historias que impiden que las sueltes son las mejores y por lo general cuando me sucede terminan siendo excelentes. Esta no es la excepción. Me alegro de haber leído a Wells (¡por fin!) y saber que es un autor que va más allá de las aventuras de ciencia ficción e invita a quedarse en la isla después de cerrar el libro. Si me atrevo. 

viernes, 22 de diciembre de 2017

"Medea", de Eurípides


Título: Medea*

Título original: Μήδεια

Autor: Eurípides (480 a.C - 406 a.C)

Año de representación: 431 a.C

Calificación: 🌟🌟🌟🌟

[…] Pues la mujer es medrosa y no puede/ aprestarse a la lucha ni contemplar las armas,/ pero, cuando la ofenden en lo que toca al lecho,/ nada hay en todo el mundo más sanguinario que ella. 

Carcajada de bruja de fondo. Y eso es, por supuesto, un agregado mío, porque en realidad Medea no se ríe mientras dice lo anterior. Medea sufre y reflexiona sobre su condición de mujer y de desterrada, además de mujer traicionada. Me sorprende que Eurípides se haya detenido en estas cuestiones en esa época y si lo tuviera cara a cara (soñemos, total no cuesta nada) lo felicitaría. La obra no sólo puede agradar por su protagonista decidida, sino también porque lo que le sucede a ella no se limita a un género. 

Reponer el argumento desde el principio sería muy largo (mucho más si tomamos en cuenta las distintas versiones de la historia), así que voy a atenerme a esta obra y ya. Medea es una hechicera proveniente de Cólquide, país al cual Jasón fue a buscar el vellocino de oro en Argonáuticas, de Apolonio de Rodas. Jasón se casa con Medea, quien lo ayudó en su aventura, y por X razones abandonan el país y terminan en Corinto, donde reina Creonte. Sin más preámbulos: Jasón ahora querrá casarse por conveniencia con la hija de Creonte, Glauca, y Medea sufre un ataque de furia absolutamente entendible. Para colmo, Creonte la destierra a ella y a sus dos hijos (que también lo son de Jasón). Medea negocia muy hábilmente un día más para quedarse y preparar “el viaje”, pero en realidad algo trama…

El conflicto, entonces, se centra en que Medea es una extranjera que terminó con su propia familia por amor a Jasón y le cuesta horrores aceptar que, tal vez, sus decisiones fueron demasiado apresuradas. Enfrenta un destierro injusto, además de una traición, debido a que no concibe la posibilidad de que Jasón se case con otra mujer (y que para colmo le recrimine que ella se comporta como una “bárbara”, dicho sea de paso). La forma en que ella se expresa es clara y los lamentos no tienen desperdicio, ya que dice cosas que muchas mujeres piensan pero prefieren no decir en voz alta. Y Jasón, el valiente pero poco lúcido Jasón, también las dice. Las acciones de Medea son censurables, criticables, espantosas, etcétera, pero todas son cometidas con una frialdad que asombra. Cuando pensé qué sentido tenían esas determinaciones tan atroces me di cuenta de que sí había uno, el mismo texto lo provee. Y nunca está de más tener presente que, al fin y al cabo, Medea es una tragedia y no podía terminar de otro modo. 

Si ya saben el final, les recomiendo que igual lean el libro. Se lee rapidísimo porque cuenta con un ritmo excelente, no le da respiro al lector (o espectador, en realidad) a que suelte la obra antes de cruzarse con el plan macabro de Medea. Estas obras antiguas son mágicas: desde un principio, alguno de los personajes se encarga de anunciar qué va a suceder, y aun así uno no puede sustraerse y abandonar la obra por desinterés. Los diálogos son tan extensos como viscerales, encierran las frustraciones, la rabia y el dolor. Y no son para nada complicados de seguir. Como ya mencioné, hay toda una historia anterior a este episodio, pero en estas obras siempre se restituye parte de ella (mediante la nodriza, por ejemplo) y provoca que la trama sea identificada y entendida sin mayores dificultades. 

Medea es una gran obra a la que tal vez le falte un poco de determinación en la introducción de personajes secundarios, pero esto no arruina la lectura. Se redime con una protagonista fuerte y muy cuerda, que acepta su naturaleza y prefiere mantenerla, a pesar de renegar de ella. Sí, y a pesar de que haga eso (evado spoiler).

(*)Nota: esta no es la edición que leí. La mía no tiene especificada ni la editorial ni el traductor porque es de dominio público. Leído en 2015.

¡Que tengan buen fin de semana y pasen una hermosa Nochebuena y Navidad (por adelantado)! 🎅🎄

martes, 14 de noviembre de 2017

"Asesinato en el Orient Express", de Agatha Christie


Título: Asesinato en el Orient Express

Título original: Murder on the Orient Express

Autor: Agatha Christie (1890-1976)

Año de publicación: 1934

Traducción: E. Machado- Quevedo

Calificación: 🌟🌟🌟


Los hombres de mi posición tiene muchos enemigos. Yo tengo uno. 


Adoro a Agatha Christie y a sus libros sencillos y entretenidos que no esconden ningún tipo de presunción. También me gusta la gran cantidad de personajes que maneja, siempre manteniéndolos en una línea. Lo que me sucedió particularmente con este libro es que los hilos de la trama se ven, para mi gusto, demasiado pronto y los personajes parecen estar fingiendo que no llegan a la conclusión. “Un par de capítulos más”, piensan, un poco para llevarle la contraria al lector. Pero la previsibilidad no es condenable: el problema es que se deja expuesta una teoría incómoda sobre los extranjeros y los personajes, por ende, están acartonados. Tan acartonados, que las últimas páginas en donde se produce el clímax con la exposición de Poirot me provocaron un “¿eso solo era?”. 

El argumento es simple: Hercules Poirot está viajando en tren y se cruza con un grupo de personas que tomará el Orient Express. Si bien empieza a delinear el carácter de cada uno de ellos desde el principio, ninguno parece ser el asesino del viajero que aparece muerto en uno de los compartimientos. Así que procederá a interrogarlos uno por uno mientras el tren está detenido por la nieve. 

Me molestaron las consideraciones que Poirot y sus ayudantes (monsieur Bouc, principalmente) hacen sobre los pasajeros y sus temperamentos de acuerdo a las nacionalidades. Me desentendería del asunto si eso se dijera una sola vez, una especie de desliz en medio del caos, pero en realidad se va a sugerir en otras oportunidades. Parece ser parte del método de investigación de Poirot y no sé si se repite en otros libros. Es comprensible por la época (1934, post guerra) y no es nada que no se siga pensando en este siglo, pero intentar resolver un caso mediante la nacionalidad colérica o fría de una persona roza la ignorancia y el ridículo (por lo menos de la primera se puede volver). Ergo, no me gusta. También hay un par de ideas polémicas que vendrían a forzar la explicación del móvil del crimen. No bajé dos estrellas por esto, aunque si influyó un poco en mi perspectiva sobre Poirot y el desarrollo de la novela. Aclaro, para no alarmar (sé que a veces sueno melodramática con estas cosas), que paulatinamente esa idea se abandona y la mira se pone en otros puntos. Se supera, por decirlo de alguna forma. 

Con respecto a la narración en sí, no presenta dificultades. Cronología que se respeta, detalles sobre los interrogatorios, explicaciones del caso al final y resolución. No tiene novedades hasta la parte final. Lo que me sucedió es que empecé a sospechar en la mitad y se cumplió. Lejos de vanagloriarme de haber adivinado, lo vi como un pequeño defecto porque no soy de las personas que buscan al asesino por sí mismas. Para eso ya está el detective de la novela. Yo me limito a observar cómo se las arregla. Así que definitivamente Asesinato en el Orient Express me decepcionó un poco por la relevancia y la estima que tiene este caso en particular. 

A pesar de lo dicho sobre los personajes acartonados, hay un par que me desorientaron y me gustaron mucho por su temperamento ante la situación. Ya en el comienzo, Mary Debenham y la Princesa Dragomiroff llamaron mi atención. Si bien durante la novela no tienen un desarrollo psicológico ni nada similar (incluso cuando se los presenta como personas que ocultan algo que debe revelarse para hacer un bien mayor), causan cierta simpatía. Todo depende del cristal con que se mire. SPOILER Está bien planteada la red en la que todos esos extranjeros quedan pegados el uno al otro. De lo contrario, la trama estaría forzada y fragmentada en personas que estaban en el tren porque sí. FIN DEL SPOILER

No puedo decir que el libro me haya encantado, pero tampoco fue el peor que leí en mi vida. Es muy entretenido y los capítulos invitan a continuar leyendo sin pausa. El suspenso está bien manejado y, a pesar de que Poirot sea un personaje que me cayó mal (tiene un aire de superioridad que traspasa el papel), creo que su mirada de las cosas puede llegar a tener cierta lógica en el contexto.

Nota: todavía no pude ver la película. Es noviembre y necesito un giratiempos xD

martes, 29 de agosto de 2017

"Dzhan", de Andrei Platonov: rara avis



Título: Dzhan

Título original: Dzhan

Autor: Andrei Platonov (1899- 1951)

Año de publicación: 1935

Traducción: Amaya Lacasa

Calificación: 🌟🌟🌟


Tu pueblo tiene miedo de vivir, ha perdido la costumbre y no se lo cree. Hace como si estuviera muerto, porque si no, los fuertes y los felices vendrán de nuevo para atormentarlo. 


Cuando terminé la primera lectura de libro sentí desasosiego y no pude convencerme de lo bueno que era, de lo diferente que era. Me molestaba todo: las relaciones repentinas, la gente inmóvil, el protagonista silencioso, el maltrato a las mujeres (niñas, en particular) y la quietud de la narración mientras sucede todo eso. Pero esta vez, en la relectura, traté de hacer un pacto con Platonov: iba a “dejar ser” a su libro, siempre y cuando me involucrara más con lo que sucedía en él. No falló. Si bien es difícil meterse en la piel de una cultura tan distinta, hay algo en lo que sucede que se siente universal.

El protagonista es el joven Nazar Chagatayev, un economista recibido en Moscú al que envían desde el partido comunista a buscar a un pueblo nómade (del cual él es originario) para “hacer el socialismo”. Ese pueblo se llama a sí mismo dzhan (“alma”, en turcomano) y se ubica principalmente en Turkmenistán (hay otras zonas que actualmente son compartidas por varios países asiáticos, pero menciono uno para no marear, ya que yo misma tuve que mirar mapas). Chagatayev abandona a una familia conformada muy deprisa en los primeros momentos del libro y va como emisario del partido. Encuentra lo que queda del pueblo después de haber sido masacrado por el hambre y, más que el socialismo, tendrá la ardua tarea de inculcarles la voluntad de vivir. Ni más ni menos.

La galería de personajes no es muy amplia, pero es curiosa. Hay personas a la que uno cree que va a despedir en algún momento de la novela y otras que se van sin avisar. Es tremendo el manejo que tiene Platonov de la descripción de un grupo que parece estar en stand by y que de pronto suelta una frase o realiza una acción que comprueba que todavía vive. Creo que ahí estuvo cimentada mi desesperación durante la primera lectura: no podía soportar la tensión entre una fuerza vital (Chagatayev) y una fuerza agonizante (la del pueblo). Una de las cosas que me provocó algo de rechazo fue ver a una niña de doce años actuando como una adulta y siendo considerada como una. Se entiende en el contexto, por la cultura, aunque no apoyo la mirada romántica sobre una menor de edad (la filosofía esa de “cuando sea mayor, te servirá de esposa” me da escalofríos). Tuve que lidiar con esa sensación incómoda hasta que, con el paso de las hojas, la chica en cuestión se convierte en un pilar fundamental de la historia y va borrando esa imagen. Hay otro personaje que me gusta y se llama Sufián, que es el que dice la cita del principio de la reseña. Es el intérprete del pueblo, en varios sentidos.

Lo que no pude superar es el poco realismo con el que se dan algunas situaciones, como la relación entre Chagatayev y Vera del inicio. Es el único momento en donde percibí que había una celeridad en las cosas que no repercutía en nada en la trama (creo recordar que la novela tuvo varios finales, así que se habrán perdido el hilo de alguno de ellos) y que me impactaba por unas escenas que, a pesar de tener un contenido muy triste, rayaban la ridiculez. No pude conciliarme con eso de ninguna manera. 

Platonov es uno de los tantos escritores que quedaron solapados por el brillo enceguecedor de los autores rusos del siglo XIX, desde mi humilde perspectiva. Tuvo un destino similar a varios de los del XX: afiliado al comunismo, fue perseguido y censurado por Stalin. Leí uno de sus cuentos ("En el mundo hermoso y pérfido") y es muy bueno, además de tener signos peculiares que demuestran la transformación que estaba atravesando Rusia (y el mundo entero) con la implementación de las máquinas, por ejemplo. Dzhan no se escapa de eso, sobre todo cuando en medio de la nada alguien ve luces y lo define como “algo inteligente de allí donde vivían los bolcheviques”. Y también hay un costado muy cálido en donde a los animales, por ejemplo, se los personifica, ya que ellos también sufren el hambre (el propio y el ajeno).

Así que Dzhan es un libro que puede parecer raro a primera vista porque es muy diferente a la linealidad de las novelas rusas del siglo anterior y cuesta adentrarse a una historia de esta índole. No hay bailes, no hay nobleza, no hay desamores, pero hace recordar a Fiódor Dostoievski por la carga filosófica que tiene. El cambio repentino es brusco, pero descubrir la belleza de una novela tan corta se vuelve una sorpresa agradable.


viernes, 4 de agosto de 2017

"Orgullo y prejuicio", de Jane Austen


Título: Orgullo y prejuicio

Título original: Pride and Prejudice

Autor: Jane Austen (1775- 1817)

Año de publicación: 1813

Traducción: José J. de Urríes de Azara

Calificación: 🌟🌟🌟🌟


Cuanto más conozco el mundo más me enoja, y todos los días confirmo mi creencia en la inconstancia de los caracteres humanos y en lo poco que se puede fiar de las apariencias de mérito o de talento.


Se hace difícil reseñar un clásico del cual ya está (casi) todo dicho, así que me voy a concentrar en mi opinión y no tanto en los elementos que describen al libro. Es, como la mayoría de los trabajos de Austen, una historia que se puede amar completamente por el desarrollo de los acontecimientos o vilipendiar porque los protagonistas carecen de sensualidad, cosa que lo hace aburrido para estos tiempos (o los lectores acostumbrados a estos tiempos). Sin embargo, creo que el problema pasa por la mala fama que le han hecho a Orgullo y prejuicio como un libro romántico en una época donde la definición del género está llena de contradicciones. Digo “mala fama” no porque un libro romántico sea de cuarta categoría (a pesar de que algunos lo son), sino porque me parece erróneo adjudicárselo a OyP con tanta soltura. Esta relectura abrió líneas de lectura que no había explorado y reafirmó que el objetivo principal de Austen era el de mostrar las ridiculeces que soportaba en esos años, usando como excusa la concertación de uno o varios matrimonios. Ese abanico que despliega en OyP lo vuelve más complicado, menos empalagoso y me sugiere por qué Austen nunca se casó, dejando a un lado que pueda confesarlo en alguna carta que todavía  no leí. No la culpo. 

Orgullo y prejuicio cuenta la historia de la familia Bennet, residentes de Longbourn, que está compuesta por padre, madre y cinco hijas mujeres (de mayor a menor): Jane, Elizabeth (Lizzy), Mary, Catherine y Lydia. Debido a que las mujeres no pueden heredar propiedades y a la muerte del señor Bennet la casa se legaría a un pariente varón, la madre de las muchachas no piensa en otra cosa que en acomodarlas mediante matrimonios ventajosos. Así que, cuando Charles Bingley, un hombre muy acaudalado, se muda cerca de los Bennet, la noticia de su soltería pone en alerta los instintos casamenteros de la señora de Longbourn. Ahí empieza la historia. Bingley tomará partido por Jane y, a la vez, este tiene un amigo medio gruñón que será importante en la trama: Fitzwilliam Darcy. 

La novela transcurre entre bailes, visitas, cartas, chismes y comparaciones entre la ciudad y el campo. Eso está garantizado por Austen. Noté que en esta ocasión los sucesos se me hicieron más fluidos y, comparándolos con otros libros de la misma autora, hasta fueron más agradables. De acuerdo a mi punto de vista, OyP está trabajado lo justo y necesario y goza de más libertad narrativa que Emma, por ejemplo. Hasta los personajes se sienten menos encorsetados en sus papeles y resultan más simpáticos, incluso si no lo son (estoy mirando a Collins de reojo, aunque admito que aporta la dosis de humor). El inicio se mete de lleno con el conflicto principal, es decir, la llegada de Bingley y su amigo Darcy, así que no introduce con lentitud. Eso me provocó dudas porque me daba la sensación de estar ante un libro troceado (hay cuestiones, como la relación entre el señor y la señora Bennet o las personalidades de las hermanas, que se hacen esperar), de esos en donde la información aparece mágicamente cuando la trama lo requiere, pero a la vez no. En la balanza pesó más la idea de que OyP es una novela que se desenvuelve sin la obligación de retratar todo en diez largas páginas sólo para que el lector pueda recorrer el resto sin sobresaltos. Me gustó que se tome el tiempo. 

Si no mencioné antes a Lizzy fue porque ella merecía su párrafo aparte. Es la verdadera protagonista de la historia ya que la mayoría de la narración se concentra en sus pensamientos y en su perspectiva. Lizzy odiará a Darcy por su porte reservado y orgulloso, sin olvidar que dice algo antipático sobre ella cuando la conoce. Y Darcy, por su parte, se mantiene distante de esa muchacha tan vivaz y contestadora. Me atrevo a decir que ella es una heroína bastante rara para la época. O, tal vez, yo me haya topado con pocas mujeres en la literatura de principios del siglo XIX que razonen tanto y tengan la capacidad de decidir qué hacer con sus vidas… a pesar de que las madres sean manojos de nervios andantes que las exponen como adornos en subasta. Al leer las salvajadas que exclama la señora Bennet (porque no habla, grita), toma sentido. De vuelta a Lizzy, me parece que le hace honor al pedestal de personajes literarios en donde está ubicada. Se avergüenza de la familia, se pasa de prejuiciosa, le cuesta pensar bien de la gente y está lejos de ser una sabelotodo. Austen nunca la presenta como un modelo a seguir, si no como un ser humano con errores y aciertos que busca desesperadamente la normalidad en un entorno que dedica horas y horas a hablar del matrimonio, la renta anual de X, vestidos y la vida de los vecinos, incluso en los momentos más delicados. Lizzy podría ser tranquilamente una mujer de este siglo atrapada en costumbres que hasta ella misma acepta, como el hecho de que una persona de rango inferior no pueda hablarle primero a una de rango superior y deba ser al revés. 

Me sorprendió encontrar (evidentemente, lo había olvidado) una descripción detallada de la indiferencia del señor Bennet hacia su esposa. En sus intercambios de opiniones se nota que a Bennet le importa un comino lo que le suceda a la señora, pero no había esperado que Austen le dedicara tiempo a ese matrimonio y que Lizzy fuera la que da la puntada final, en donde muestra su desilusión. Son párrafos agridulces y profundizan el comportamiento de Bennet en la novela. El “patriarca” de la casa pasa horas en la biblioteca e interviene para decidir… hasta que su voz se apaga. Los bocadillos que mete el señor Bennet se cuentan con los dedos y, a pesar de su hilaridad, transmiten la sensación de que él preferiría estar en cualquier otro lugar menos en esa casa llena de mujeres. En la primera lectura del libro lo vi con ojos más inocentes, pero ahora cambió un poco mi perspectiva. Con respecto a su esposa, sobrepasa los límites de mi paciencia si ignoro que se casó con el hombre equivocado. Me enoja que sólo piense en ganar esa carrera absurda que disputa con sus vecinas: “a ver quién establece a las mujeres primero”. Tiremos a nuestras hijas a los lobos con tal de que una alianza y una renta (de ambas partes) permitan su supervivencia, ya que si quedasen solteras traerían desgracias. Generalizo y uso “lobos” porque estas señoras que ofician de Cupido priorizan los ingresos del hombre, no la reputación. Ellos también sufren las presiones. SPOILER Basta con recordar a Catherine de Bourgh insistiendo en que Darcy debía casarse con su hija o a Bingley siendo persuadido por sus hermanas y el propio Darcy para que olvide a Jane. FIN DEL SPOILER  

No puedo omitir el tema de la relación amorosa entre los protagonistas, más allá de que sea muy común hablar de ello. Me encanta la forma paulatina SPOILER (bueno, a Darcy le costó menos enamorarse) FIN DEL SPOILER en la que estos dos tercos van cambiando los sentimientos desdeñosos por unos más positivos. En mis escenas favoritas siempre están ellos dos porque sus diálogos son chispeantes, incluso cuando pelean. Darcy trae polémica a la hora de opinar sobre él por las actitudes en las primeras páginas, pero creo que compensa las faltas en el carácter con lo que hace por Lizzy. Es más humano que sea imperfecto y no un depósito de cualidades que en la vida real brillan por su ausencia. 

Sostengo (no reseñé la primera lectura pero recuerdo qué me había faltado para las cinco estrellas) que el desenlace de la historia me pareció apresurado. En las últimas veinte páginas convergen todos los conflictos y se resuelven para que después Austen explique, en escasos párrafos, el destino de cada personaje. He observado este problema en otros libros de la autora y el más reciente fue Emma.  Particularmente, me hubiera encantado saber más de Mary, un personaje que se mueve como una sombra y es censurada cuando aparece. Una cuestión nueva que advertí fue que Bingley tiene poca participación y me dejó con ganas de conocerlo más. Aparece bastante al inicio y después la narración se limita a proporcionar información sobre su accionar, sin ahondar en el momento clave que le corresponde. Creo que se lo pinta mejor a Collins con las cartas larguísimas que escribe y su charlatanería pomposa. Estas cosas que señalo no desmitifican a Austen (para mí sigue siendo prácticamente indiscutible), sino que, a mis ojos, permiten considerar cuál de sus obras se acerca a la perfección, si eso existe. El hecho de que pueda aburrir o no pertenece al campo de la percepción del lector. Este libro me pareció muy dinámico aunque eso no justifique el final a las corridas, claro está.

Orgullo y prejuicio vale la pena el esfuerzo. No es un libro para todos (no existe el libro “para todos”, según mi criterio), pero al menos se puede utilizar para probar si Jane Austen se convierte en una escritora favorita o en una que conviene ignorar, pensando en una generación de lectores que probablemente la conozca más por las adaptaciones cinematográficas que por las novelas en sí. Como dato curioso, a Austen la descubrí así, porque la escuela nunca la mencionó y, en mi carrera, la pasan olímpicamente por alto. Algo me dice que su género y la asociación con libros dedicados a un público netamente femenino incentivan el olvido. Me causa extrañeza porque a las hermanas Brontë * se las podría acusar de lo mismo y, sin embargo, obtienen más reconocimiento. Supongo que forma parte de las numerosas incongruencias de este mundo tan grande llamado “literatura”.  Después de este lloriqueo lector- académico que solté, sólo me resta decir que adoro este libro y no hay argumento o desconsideración que me importe a la hora de hacerlo.    


(*) No tengo ningún problema con las Brontë (todo lo contrario), sólo las usé como ejemplo por los contrastes con el tratamiento que se le da a Jane Austen.

martes, 27 de junio de 2017

"El ancho mar de los Sargazos", de Jean Rhys


Título: El ancho mar de los Sargazos

Título original: Wide Sargasso Sea

Autor: Jean Rhys (1890- 1979)

Año de publicación: 1966

Traducción: Catalina Martínez Muñoz

Calificación: 🌟🌟🌟


Conocí ese momento del día en que el cielo puede parecer muy negro, aunque esté azul y haga calor. 


He comprobado que las relecturas sanan. Me refiero al efecto que tienen en la relación lector- libro. La primera vez que leí esta novela (la abreviaré WSS, con las iniciales del nombre original) no me provocó asombro. A pesar de que hice un trabajo con ella, no me sentí comprometida con la obra y fue frustrante. Se mete con algunas cuestiones que para mí son intocables del libro al cual hace referencia. Yo me acerqué más, encontré qué era lo que no me había convencido y, a la vez, consolidé las preferencias. Sigo opinando lo mismo y no cambiaré la calificación: es una buena novela que se puede considerar innecesaria o independiente, pero peca de excesiva. Antes que nada, pido disculpas por la chatura de mi reseña. Como estuve explorando y marcando demasiado este libro, no quiero volcar todo acá. Sería aburrido. 

Antoinette Cosway es una niña que vive en Jamaica, más precisamente en un lugar llamado Coulibri, con su madre y los criados. Criolla y descendiente de una familia de esclavistas, Antoinette sufre las consecuencias, que consisten básicamente en recibir el odio de los negros y de los ingleses. Sin embargo, el odio al que Antoinette le teme es al de su madre, Annette, que la rechaza. La niña crecerá, se casará con un inglés que llega a la isla y ahí se pondrán en evidencia las diferencias entre ambos. 

Admito que la sinopsis es muy vaga (me gusta más la de la edición), pero culpo a la cantidad de sucesos que le ocurren a la protagonista en la primera parte, que consta de unas pocas páginas. Todos son muy violentos y desgraciados: le queman la casa, la madre contrae matrimonio y se vuelve loca, el hermano tiene un retraso madurativo. No niego que a una persona le puedan ocurrir tantas cosas en tan poco tiempo, sólo me refiero a que esto es ficticio y que se podría haber hecho una selección más acotada de vivencias porque, a fin de cuentas, Rhys trata de justificar el comportamiento futuro de Antoinette. Si hubiera experimentado menos tragedias, igual la justificaría y apelaría a la lástima del lector. No me puedo quitar la sensación de que hay algo que sobra y la novela no es tan extensa como para desarrollar mil temas. En algunas cuestiones, no va al hueso y se podrían haber explicado, como las divergencias entre las razas (no me gusta esta palabra, la uso porque la preciso) de las Antillas. De esta manera, el encono entre los Cosway y los demás habitantes no hubiera parecido tan superficial cuando, en realidad, era relevante para comprender la totalidad. Lo señalo porque obliga a buscar información (si lo ignora) y deja “colgado” al lector en la misma novela. Me sucedió la primera vez que la leí. 

La narración de WSS está compuesta de varias voces que no puedo indicar con lujo de detalles. Hay muchas perspectivas e intenta que no nos quedemos oyendo una sola campana, ya que los secretos que se ocultan y se revelan son determinantes. Antoinette no es la única persona miserable en la novela, pero sí es la que parece recibir, casi por decantación, los golpes de los que también sufren. Antoinette, a pesar de que se vuelve adulta, suena infantil, llena de nostalgia y se muestra insegura de sí misma. Lo mismo sucede con la voz de la segunda parte, que es masculina y más agresiva. En un momento se interponen y, aunque se utiliza en un momento clave, el recurso me disgustó. Es confuso y produce un efecto de desborde insoportable. En otros textos me fascina, pero aquí parece un despropósito. Es como agregarle más agua a un vaso que ya estaba rebalsando.  

En cuanto a los personajes, son odiosos. Sin excepción. Antoinette, la madre, sus respectivos maridos, Christophine (la niñera negra de Antoinette que practica magia), los criados… Juntos conforman una lista de gente destinada a hacer daño al prójimo porque primero se lo hicieron a ellos (una parte de la justificación del accionar de la protagonista) y, por supuesto, todos parecen estar de acuerdo en destrozar a la chica. SPOILER El marido en particular, <i> ese que conocemos</i>, queda como el villano de la película y le echa tierra al que tenía previamente en la cabeza. Tuve que esforzarme para desdoblar a ese personaje y no vapulearlo en mi relectura de Ya- Saben- Qué. FIN DEL SPOILER En su defensa, no son personajes planos. El desarrollo se da de forma gradual, lógica y desemboca siempre en algo siniestro. Si tuviera que elegir, Antoinette sería mi favorita por las distintas fases que atraviesa en la novela, sin perder la mirada maravillada que dirige hacia los lugares de pertenencia. Me hizo acordar mucho a Merricat, la protagonista de Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson. Las similitudes (Siempre…  es anterior a este libro, ¿Rhys lo había leído?) me obsesionaron. 

Ojalá me hubiera encantado más, pero hay cuestiones que no las puedo salvar ni dejando a un lado el fanatismo. Las cosas que me gustaron de la novela las cuento con los dedos: la conformación de Antoinette (que ya mencioné), la influencia del hábitat en los personajes, la locación “exótica”, los hechos que disparan reflexiones acerca de los orígenes y el género femenino. Hay algo que no mencioné y que funciona como hilo conductor de la novela: la herencia de la locura. Los Cosway parecen compartir esa “maldición” que aumenta la desconfianza de los vecinos y hasta la de los propios criados. Si bien el padre de Antoinette no goza de buena fama, es interesante rastrear cómo afecta la supuesta esquizofrenia a Antoinette y a su madre. 

Destaco la inteligencia de la autora para mantener ocultos (hasta donde pudo) los nombres de los personajes. Comprometerse a escribir esta clase de libros siempre generan un riesgo, mucho más sabiendo que  el otro SPOILER (dato inútil, pero curioso: las fechas de los acontecimientos de WSS no coinciden con las de Jane Eyre y no sé si Rhys lo hizo por descuido o para despistar al lector)  FIN DEL SPOILER tiene una buena cantidad de lectores a cuestas que resisten ese entrecruce, como yo. WSS ya se ha hecho un nombre propio en la historia de la literatura del siglo XX y hay que aprender a vivir con eso. Al menos ahora ya no estoy enemistada con ella.

viernes, 23 de junio de 2017

"Yo acuso: la verdad en marcha", de Émile Zola


Título: Yo acuso: la verdad en marcha

Título original: J'accuse...!

Autor: Émile Zola (1840- 1902)

Año de publicación: 1898

Traducción: José Elías

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟

¡La verdad! ¿En qué concepto la tenéis, en todo este episodio que sacude por entero a una vieja organización, para creer que es un objeto sencillo y manejable, que se pasea por la palma de la mano y que se pone a voluntad en la mano de los demás como un guijarro o una manzana? 


Este libro resulta curioso porque consiste en una reunión de los artículos que publicó Émile Zola durante el caso Dreyfus y tienen una potencia atroz. Algunos pasajes hasta podrían resonar todavía en nuestros tiempos, como aquellos en los que se expone el intento de iniciar una guerra religiosa. Resumo rápidamente el caso: en 1894, el Ministerio de Guerra francés acusó al capitán Alfred Dreyfus de haber facilitado documentos confidenciales a los alemanes. La prueba contundente nunca se hizo pública y, a pesar de que un hombre llamado Ferdinand Walsin Esterhazy apareció como el verdadero traidor, a este se lo absolvió. Así, Dreyfus sufrió una especie de re-acusación, en donde además pesa el hecho de que era judío y alsaciano en un contexto antisemita y nacionalista. No es un dato menor. El pedido de la familia de Dreyfus para que se revise el juicio fue tomado en cuenta por mucha gente. Francia se dividió en dos: los que estaban a favor de Dreyfus y los que no. Hay unos cuantos nombres conocidos en ambos bandos. Zola (que pertenecía al primer grupo) se comprometió tanto con el tema que sus artículos lo llevaron a la cárcel y al exilio, debido a que las figuras públicas a las que él responsabilizó del escándalo judicial, político y social tomaron medidas y lo denunciaron por difamación. 

Lo interesante se contempla en cómo este escritor se dirige hacia las partes involucradas y utiliza la palabra para provocar un cambio. Se exalta al defender y defenderse, tratando de dar un “golpe” que despierte a esa Francia que tanto bregaba por los derechos del hombre. Zola ataca al antisemitismo (le quedó claro que, si se continuaba con la acusación a Dreyfus, era más por motivos religiosos que convicciones judiciales), a la prensa (la titiritera de los humildes, según su percepción, y la que echaba leña al fuego), a las autoridades y hasta llega a enviarle una carta a los presidentes. Yo acuso resulta ser un texto muy bueno por la claridad con que se pinta el día a día del caso y de la opinión pública, que sacaba de quicio a Zola. Él se ofrece como sacrificio en pos de la verdad y de la justicia y tal vez suene un poco grandilocuente. Lo cierto es que su análisis, por más molesto que sea (lo digo refiriéndome a la subestimación que hace de la inteligencia del pueblo, no a la defensa en sí), pone en el tapete muchos asuntos para pensar. Uno de ellos es el concepto de la verdad. Y, si bien el indulto a Dreyfus se otorgó mucho tiempo después, dejó al desnudo que Francia tenía dos caras. 

La edición (por si alguien tiene la misma o piensa adquirirla) está parcialmente incompleta. “El juicio”, “Carta a la juventud”, “Carta a Francia”, “Yo acuso” y “Declaración ante el jurado” son los únicos textos que se reproducen en su totalidad. Los demás, como la carta que le escribió a la esposa de Dreyfus, están constituidos por una selección de fragmentos. 

sábado, 17 de junio de 2017

"Tess: una mujer pura", de Thomas Hardy

Título: Tess: una mujer pura

Título original: Tess of the d'Urbervilles: A Pure Woman Faithfully Presented

Autor: Thomas Hardy (1840- 1928)

Año de publicación: 1891

Traducción: Manuel Ortega y Gasset 

Calificación: 🌟🌟🌟🌟

Todo esto ocurre por haber nacido en un astro picado y no en uno sano, ¿verdad, Tess?


Qué buen libro y qué buen final. Temía un poco perderme en la fama que tenía y decepcionarme, pero en la lectura me di cuenta de que la atención puesta en este libro no es gratuita. Tess habla, muestra, protesta. No creo que Hardy haya sido tan inocente como para no hacerlo y eso se nota en sus prefacios. Imposible no tratar de decir algo de una época tan acartonada e hipócrita como la victoriana.

La historia es, desde el principio, muy desgraciada y hay un hecho bisagra (que sucede en los primero capítulos) que está en casi todas las sinopsis. Me veo en la encrucijada de contarlo o no para no arruinar detalles, pero en todo caso lo oculto como spoiler (sólo tienen que seleccionar lo que ven en blanco). Tess Durbeyfield es una joven muy hermosa, hija de un vendedor de cera que de la noche a la mañana se entera de que él y sus hijos son el último eslabón de una familia muy antigua, los d’ Urberville. El padre de Tess se pone loco de contento y empieza a proclamar por todo el lugar (esto transcurre en la campiña) que es descendiente de caballeros. Ahora bien, parece que alguien más ha adoptado la forma original del apellido y cuando se produce un momento de necesidad económica (los Durbeyfield son pobres) la envían a Tess a pedir limosna, básicamente. Y, si es posible, que se case con el joven de la familia.

El acontecimiento que marca todo el resto del libro y no se puede obviar del todo es que SPOILER el joven Alec d’ Urberville se obsesiona con Tess y abusa de ella mientras estaba dormida en el bosque. Por supuesto, él lo va a negar y a decir que tuvo su consentimiento, cuando en realidad Tess no sabía ni lo que estaba haciendo, gracias a la ignorancia a la que los padres sometían a sus hijas en lo tocante al tema. FIN DEL SPOILER Esto pondrá en duda, por la consecuencia que trae, qué tan pura es Tess. Porque a ella nadie le preguntará qué pasó y si se siente bien, no, no. Ni su madre (una bestia) lo hará. A Tess la señalarán con el dedo y murmurarán detrás de sus espaldas, no importa si se quiebra el cuerpo trabajando y trata de ganarse el sustento. Entonces Tess tendrá que buscar un rumbo nuevo e irse de la casa paterna. Previamente, habrá un cruce con un personaje importante de la historia, Angel. Cuento todo esto porque, más allá de que el libro sea literariamente bueno, creo que la historia merece un foco aparte.

Hardy lleva al lector a dar un paseo (no siempre grato) por el campo, en el sur de Gran Bretaña, si no me ubiqué mal. La ciudad siempre es algo lejano, un lugar de rebote, no de paso. A la ciudad se va para viajar hacia otra parte, al campo se va a vivir experiencias. Las descripciones en tercera persona de los trabajos rurales son muy buenas (y supongo que acertadas, porque admito que no busqué el proceso de elaboración de la manteca en esos tiempos, por ejemplo) y demuestran el poder de observación y de compromiso de Hardy, quien, al parecer, tenía ciertos problemas con la industrialización. Hardy pone a prueba a la gente, porque los términos que utiliza no son los que una acostumbra a cruzarse en los libros, ya que la labor en la lechería tiene sus términos específicos, al igual que las demás. En ese momento la lectura se entrecorta un poco, pero no la desalienta. El único momento en donde sentí que el libro se hacía lento fue durante la cuarta y la quinta parte, porque hay algunos hechos que se alargan innecesariamente y esto, acompañado de las descripciones de Hardy, me causó cierto malestar.

Otra cosa que fue difícil de seguir porque era omnipresente: la religión. En este libro coexisten personajes con creencias pertenecientes a distintas iglesias. No recuerdo si hay algún capítulo en donde no se mencione algo de eso. Me parece que existe cierta crítica de Hardy en algunas frases, sobre todo porque ninguna de las religiones es capaz de albergar a Tess, que tiene una confusión tremenda en cuanto eso. Supongo que pensar esto hace que haya alguna utilidad en toda esa parafernalia de credos y mucho más en una población rural, pero en un punto me agotó. SPOILER La gota que rebalsa el vaso es asistir a la conversión de Alec en un predicador, cosa que no le dura mucho porque él mismo se encargará de culpar a la mujer de haberlo “tentado” dos veces. Es una de las ironías del destino de las mujeres: Alec encuentra consuelo en la religión, Tess no. FIN DEL SPOILER

En cuanto a los personajes, todos poseen sus luces y sus sombras. Hardy los matizó maravillosamente bien porque en algunas situaciones una duda de ellos, de su verdadera personalidad. Las reacciones que cada uno de ellos tiene ante el pasado de Tess sirven como vara para medir, por ejemplo. Y más de uno causa una decepción, ya que se espera más compasión por la protagonista. Tess me cayó bien como heroína porque toma decisiones pero es exasperante cuando no piensa por sí misma. Está atravesada (y me juego a que está hecha así a propósito) por las creencias de los demás, por los pensamientos ajenos, por los tiempos ajenos. Piensa que su condición la limita y no tiene otra opción que agachar la cabeza y dejarse manipular. Como ya dije, el siglo XIX se encargó de destrozar a las mujeres con su paradigma moral insostenible y disparejo y el desinterés por verlas más allá del rol de esposa, madre y cosa (sí, ser una cosa sigue siendo un rol). SPOILER Es muy impresionante la parte en la que Tess se “afea” porque advierte que su principal problema es ser hermosa y llamar la atención de hombres a los cuales ella no les pide ninguna opinión.  FIN DEL SPOILER La ingenuidad y la desesperación por ser aceptada la llevan a cometer un error muy grande y pierde lo que más quiere por eso. Tess es arrastrada por las circunstancias, a fin de cuentas. Los demás protagonistas, como Angel, el desagradable Alec, los padres de Tess (aunque estos aparecen menos) y las nada rencorosas Izzy y Marian, contribuyen a elaborar el destino de Tess.

El final es inesperado pero el libro da pistas y hay que prestar atención. Hardy plantea un dilema y, aunque se evidencia que está de parte de Tess, el narrador trata de tomar distancia del asunto y está bien. Pienso que, de haber ocurrido eso en el principio, el curso de la historia hubiera sido el mismo, así que está puesto estratégicamente para que impacte y cierre el libro.

No sé si seré muy exagerada al decir que Tess me pareció uno de los mejores libros escritos durante la época victoriana. Hay muchos y tal vez en un punto todos se asemejan, por eso me atrevo a decirlo. Y creo que la protagonista sufrida y desesperada, en este caso, toma un riesgo que no vi que lo tomaran otras. Me quedo con la sensación de que Tess logró cubrir mis expectativas con sólo contarme la historia de una mujer desdichada, víctima de su entorno íntimo y del contexto social. 

martes, 16 de mayo de 2017

"Drácula", de Bram Stoker

Título: Drácula

Título original: Dracula

Autor: Bram Stoker (1847- 1912)

Año de publicación: 1897

Traducción: Dolores Aranguren 

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟

Pues la vida, después de todo, es sólo una espera por alguna otra cosa además de lo que estamos haciendo; y la muerte es todo sobre lo que verdaderamente podemos depender.



No puedo calificar con menos estrellas a un libro que, además de ser entretenido y de tener los condimentos que se le piden, condensa muchas de las premisas del victorianismo y pinta al siglo XIX. Difícilmente pase inadvertido todo lo que hay detrás de la lucha entre el vampiro (el Mal) y un grupo de personas (el Bien) que se propone exterminarlo. Lo cierto es que Drácula no envejeció (chiste tonto) frente a mis ojos e incluso ahora, en la relectura, pude ver cosas que antes había ignorado por distintas razones. La reseña tiene un spoiler, pero está debidamente señalado y si quieren verlo sólo tienen que seleccionar el espacio en blanco que hay entre esas señales. 

El argumento es conocidísimo: un hombre viaja a Transilvania para cerrar la venta de unas  propiedades. Las cosas empiezan a salir mal desde el inicio, ya que Jonathan Harker encontrará en el camino indicios de la probabilidad de no volver del lugar hacia donde se dirige. Pero como son extranjeros supersticiosos (la itálica es mía), hará oídos sordos y el resto es historia. Se aloja en el castillo de Drácula y empiezan a suceder cosas tan aterradoras como que el anfitrión trepe paredes. Sep. Por otra parte, se abre una línea de la trama en donde la protagonista es Mina, la prometida de Jonathan, junto con su amiga Lucy.

Que sea una novela epistolar le da múltiples ventajas. El lector tiene todas las perspectivas en la mano y puede hacer lo que los personajes no pueden hasta la mitad de la novela: leer o escuchar lo que escribió o grabó el otro. Me interesó mucho cómo esta historia tan particular de terror se construye en base a los momentos de escritura ajenos (cartas, telegramas, diarios) y de la puesta en orden de los hechos. Además, es muy importante a la hora de la resolución del problema. También se logra que el estilo oscile entre lo cargado y lo sencillo, ya que hay una limitación en la elaboración de las frases de alguien que escribe un diario y en donde los acontecimientos requieren celeridad. Básicamente, estos personajes no se pueden sentar a reflexionar cada una de las palabras porque tienen a un vampiro amenazándolos detrás. Eso está muy bien manejado por parte de Stoker, que escribe de forma excelente pero no abruma. A veces se detiene particularmente en algunos asuntos (las explicaciones de Van Helsing son muy extensas, por ejemplo) y luego retoma el ritmo dinámico. Personalmente, me aburrí un poco con las indagaciones de Jonathan, que parecían un largo trámite lleno de papelerío.  

Me sorprendió darme cuenta en esta relectura que Drácula podría haber sido tranquilamente un comic. Tal vez suene desubicado, pero es lo que pienso. La idea de seis personas que se reúnen en privado para derrotar a un enemigo que planea algo malévolo (en este caso, diseminar su raza, y eso tiene connotaciones típicas del siglo… en esta materia recomiendo fervientemente El Horla, de Guy de Maupassant) se parece mucho a una historieta o película de superhéroes. Y creo que es por eso que me gusta más, porque es una novela que a finales del XIX muestra una premisa que se repetirá en el siglo siguiente. Con otros agregados, otros planteos, otras personas, pero lo hará. Esto que estoy elogiando no significa que el libro derroche acción o en algún momento a Harker se le ocurra confeccionarse un traje, no. El verdadero caos se produce hacia el final (un tanto precipitado, tengo que decirlo) y el resto consiste en el descubrimiento y conocimiento del enemigo. Drácula, al igual que varios villanos, también viene de otro lado, habla un idioma diferente y tiene características que a muchos les cuesta entender. También me desconcertó eso, de buena manera: la cantidad de poderes y habilidades de este temible vampiro. Es una criatura tan especial que los momentos de destrucción de un vampiro son los que más miedo dan durante la lectura, ya que implica una violencia muy explícita sobre los cuerpos. El hecho de ser un muerto vivo, aquello que no debería ser pero sigue caminando entre los que sí son, añade un plus al terror. 

Con respecto a los personajes, son variados y están muy bien armados. No quiero comentarlos uno por uno porque no sé hasta qué punto hacerlo daría pie a un spoiler pero me conformaré con decir que, a pesar de todo el discurso en donde ellos se perciben como “ministros de la voluntad de Dios” cuya finalidad en la Tierra es acabar con el mal que podría extenderse por Gran Bretaña y luego infectar el mundo, los protagonistas triunfan al llevarse la simpatía del lector. O la mía, al menos. Jonathan, Mina, Arthur… Todos tienen sus personalidades distintivas y convergen al aparecer una meta en común, ya que las personas a las que Drácula perjudica son sus seres queridos. Creo que ahí está la clave de la simpatía: ellos toman al peligro en serio y deciden hacerse cargo de ese ser extraño que afectó la normalidad de sus vidas. Jonathan vuelve del viaje y no se queda sentado en su casa, Mina no se cruza de brazos ante el sufrimiento ajeno, Van Helsing se pone al hombro un problema que ni siquiera era suyo. Algunos, como Seward, representan el lado escéptico de la ciencia (y del siglo XIX) y está muy bien que ofrezca resistencia. El único personaje que no terminó de convencerme fue Renfield: sus apariciones siempre despertaban mi atención pero no encontré una funcionalidad fuerte en la trama, más allá de que desliza la razón de ser de Drácula. El vampiro, por su parte, no aparece demasiado pero cada vez que lo hace se roba la escena, por así decirlo. Lo que no me gustó es que se pusiera a explicar sus motivaciones y planes cada vez que lo hacía (o quizá yo esté bastante harta del mansplaining en general). Algo que casi olvido mencionar: hay comentarios y opiniones de los personajes principales que me cayeron pesadas (igual son disparadores de análisis, no me puedo quejar tanto) porque se ponen en una posición cuestionable de superioridad mental y económica. En ciertos momentos dependen de trabajadores de distinta índole y no les hacen un retrato muy favorable. Pasa algo similar con los extranjeros.  

Mención aparte merece la cuestión de las mujeres en esta novela. No me extenderé en esto porque sé que soy insoportable y hay cosas que, obviamente, prefiero reservarme para mis trabajos, pero es saludable ponerlo en la mesa. Me hice muchas preguntas mientras leía. En varias ocasiones se comparan a las tres vampiresas de Drácula con Mina o con Lucy y las primeras salen perdiendo a los ojos ajenos (tanto de hombres como mujeres). Y, al mismo tiempo, ninguno de los hombres (Van Helsing en particular) deja de mencionar que Mina y Lucy son hermosas. Entonces, ¿la belleza causa pánico si viene de una “pecadora” (cargada de erotismo, para colmo) pero es loable si la mujer es “pura”, preferiblemente devota? ¿Van Helsing y sus amigos hubieran decidido ayudar a Lucy si ella no hubiera sido bonita, condición que se repite en el texto hasta el hartazgo? ¿Por qué la gente se sorprende de la inteligencia de Mina? Cuando los protagonistas deciden encargarse de Drácula sin involucrarla, el recato victoriano sale a luz. Las excusas son demasiado ridículas y sexistas para la gente de este siglo (yo me reí en voz alta mientras las leía), pero esconden todo un aparato de convenciones sociales y creencias. Ni siquiera los hombres se escapan de ellas cuando se resalta la fuerza y la valentía de los mismos (en el episodio de las transfusiones de sangre, por ejemplo), como si fueran características obligatorias y que excluyen, por supuesto, los momentos de llanto. Lo bueno es que Stoker destraba esos lineamientos con acciones que me sorprendieron gratamente. SPOILER Arthur casi se desploma del dolor y no por eso se reduce su importancia en la consideración del lector, así como también Mina termina siendo irremplazable en la resolución de la ruta de Drácula. FIN DEL SPOILER

Por estas razones y muchas más Drácula no pasa de moda aunque los vampiros sí lo hagan, refiriéndome un poco a las infinitas y casi constantes reversiones que se realizan de este mito. Podrán cambiarles la dieta, volverlos más amables o atractivos (Drácula no lo es, por cierto), pero siguen siendo una fuente de terror gracias a que al menos sobrevive la idea de la alimentación con sangre, de la transformación y corrupción del cuerpo, de la extinción de la vida misma. Si bien Stoker no fue el primero en tratar el vampirismo, no se le puede negar que le dio un nivel supremo, organizando una historia detectivesca de a ratos y, fundamentalmente, de miedo. Es curioso: la novela es tan eterna como su personaje. Lo tiene merecido. 

Libros similares: 

El vampiro, John Polidori
Carmilla, Joseph Sheridan Le Fanu
Dracula' s Guest, Bram Stoker (es un capítulo de Drácula que fue eliminado)