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viernes, 15 de marzo de 2019

"El jardín olvidado", de Kate Morton


Título: El jardín olvidado

Título original: The Forgotten Garden

Autora: Kate Morton (1976)

Año de publicación: 2008

Traducción: Carlos Schroeder

Calificación: 🌟🌟🌟

-Ah, qué hermosa casita- dijo la Princesa.- Me pregunto quién vive allí. 
[...]
-Nadie, mi Princesa. Ya no vive nadie. El reino prospera, pero no hay vida en los bosques oscuros.  


Debo admitir que compré el libro tironeada por el “Primera Guerra Mundial” que se lee en la sinopsis de la edición, ya que creí que la parte del pasado estaría ambientada en ese hecho. Sin embargo, apenas roza el año e inesperadamente me vi envuelta en otra clase de historia, una que oscila entre la identidad y el amor (no necesariamente hacia una pareja). A grandes rasgos que después ampliaré, mi calificación no puede ser más generosa porque no me gustó la construcción de sus personajes, que son pilares fundamentales, y los capítulos ambientados en el tiempo presente (2005 en el libro) se me hicieron de plomo. Un gran porcentaje de la culpa lo tiene Cassandra, protagonista sosa si las hay. 

Algo más para discutirle a la sinopsis de la contratapa: no son tres voces. En todo caso, son tres tiempos en donde se alternan muchas voces, aunque las principales sean las de Cassandra, Nell, Eliza y Rose. Nell es el eslabón de la cadena que se pierde y un buen día (el día de su cumpleaños, precisamente, porque… ¿qué padre no le arruinaría la fiesta a su hija diciéndole en ese momento que es adoptada?) empieza a buscar a su familia biológica. Cassandra, su nieta, va a ser heredera de esa búsqueda cuando Nell muera ¿La pista principal? Un libro de cuentos de hadas. 

Así la narración se va a dividir en capítulos en donde se especifica tiempo y lugar, para orientar al lector. En cierto momento, deja de hacer falta. Las partes del pasado transcurren a fines del siglo XIX y principios del XX (como ya dije, rozando la Gran Guerra), las del pasado reciente en el 75-76 y las del presente, en el 2005. Lo menciono no con la finalidad de aclarar porque esto se nota a la legua en el libro, pero me facilita hablar de los tiempos en la reseña. Ahora bien, el pasado es lo que más me interesó porque describía una Inglaterra victoriana en donde se situaba el germen de toda la historia, la familia Mountrachet. El pasado reciente sirve para reconstruir qué sucedió en el pasado mientras la narración se niega a darnos más datos y el presente se encarga de poner las piezas del rompecabezas en orden. Obviamente, la jugadora original, Nell, le pasa sin querer una responsabilidad a Cassandra. La trama de secretos y de intrigas (casi todas, impulsadas por intereses mezquinos y perturbadores) es muy entretenida. Genera interés, incluso cuando abre tantas ramificaciones en el conflicto que es difícil creer que haya un tronco allí. Pero lo hay… y se empieza a ver con nitidez en la última parte del libro. Lo curioso es que la protagonista, Cassandra, se la pasa orquestando hipótesis erróneas para descolocar. 

Los personajes del pasado salvan el libro. Cuando leía no podía dejar de pensar en Oliver Twist y Jane Eyre, que además están protagonizados por huérfanos que viven una infancia espantosa (no, no me voy a poner a teorizar sobre las vicisitudes de los niños victorianos pobres). Los “villanos” tienen características similares a los que están en estos libros y estoy segura de que se me deben haber escapado referencias. SPOILER Con respecto al jardín olvidado en cuestión, no leí El jardín secreto de Frances Hodgson Burnett pero me quedaron muchas ganas, ya que la autora forma parte de los personajes. FIN DEL SPOILER Eliza, Rose (esta parece más de un libro de Jane Austen, por lo delicada) y Adeline forman una trama casi de telenovela, sin olvidar a los hombres que también integran ese tiempo. Hay de todo: mujeres con instintos maternales monstruosos, afectos que pueden llegar a ser incestuosos, gente envidiosa y demás. Por otro lado, los personajes del presente tienen una personalidad muy parecida entre sí y confunden. Los personajes masculinos son escasos y, si bien ayudan en la reconstrucción de la identidad de Nell, tienen poca fuerza para sobresalir del papel.

Está bien escrito (cosa que se agradece) y no cae en los convencionalismos a la hora de describir una situación. Creo que el punto flojo está en los diálogos: algunos no son creíbles o, en todo caso, sobran. Y digo “sobran” porque es un libro que no suele irse por las ramas, salvo en algunas ocasiones que son absolutamente perdonables. Ridículas, como la del vencimiento de la leche que comenté en un status, pero perdonables. Casi todo lo discutible está en el tiempo presente porque Cassandra me causó aburrimiento nivel mil y, por más que la autora le inventó todo un pasado propio que justifica por qué es como es, no lo compré. Agregarle más drama a lo que ya es dramático en un libro satura, no conmueve (al menos, no en mi caso). Ciertas cosas me hicieron pensar que entre los tiempos que se manejan aquí y los personajes que tienen su cuota de tristeza para aportar podrían haberse escrito 3 o 4 libros distintos.   

Levanté mucho las cejas durante la lectura de El jardín olvidado pero no puedo decir que fue una pérdida de tiempo. No lo siento así. Fue una inversión de esfuerzo en un libro que sonaba bien por fuera y que adentro no sólo era diferente, sino que mutaba en todos los capítulos (a veces para bien, otras para mal). Con personajes más sólidos se hubiera llevado mejor. 

Nota: Rose, en un momento de brillantez alucinante en donde se cree crítica literaria, spoilea Tess of the d'Urbervilles, de Thomas Hardy. 

Leído en 2016

viernes, 26 de octubre de 2018

"Una ciudad asediada", de Margaret Oliphant

Aprovechando que este mes tiene iniciativas muy lindas, como Leo Autoras en Octubre, quería cerrar este especial de Halloween con la reseña de un libro escrito por una mujer. Tal vez no sea para mí el mejor libro del mundo, pero Margaret Oliphant era una autora muy buena y creo que la mencioné un par de veces recomendándola. Y este libro es especial porque toca un tema sensible que se relaciona con lo que implica Halloween y el 2 de noviembre, a pesar de que la historia no mencione la fecha ni nada parecido. Si bien a mí el libro no me convenció, tal vez le pueda gustar a alguien más. Así que les dejo la reseña. 

Título: Una ciudad asediada

Título original: A Beleaguered City

Autora: Margaret Oliphant (1828- 1897)

Año de publicación: 1869

Traducción: Jon Bilbao 

Calificación: 🌟🌟🌟





Hacia tanto que no leía un libro de terror que la sinopsis de este (y conociendo previamente a Oliphant por La puerta estrecha) me había llamado poderosamente la atención. El problema es que cuando una lo empieza a leer deja de ser lo que esperaba, convirtiéndose en una historia amable sobre fantasmas que expulsan a los vivos de la ciudad por motivos religiosos. Los elementos de terror están en las primeras páginas y, una vez que se descubre quiénes son los asaltantes y cuáles son sus intenciones, los pierde.

El narrador es el Maire de Semur, Martin Dupin, quien deleitará al lector con párrafos en donde cada dos por tres se auto- halaga por lo inteligente y eficiente que es. Un buen día el cielo oscurece y todos los habitantes de la ciudad se ven aleccionados por una fuerza extraña que los expulsa de allí, obligándolos a permanecer del otro lado de las puertas. Sin mucha tardanza descubrirán que son los muertos (en donde se incluyen los seres queridos que han fallecido) que se han levantado coincidiendo con el cierre de una capilla. Sólo hay que sumar dos más dos.

Que los fantasmas deambulen por la ciudad y tengan contacto con los vivos es lúgubre. Confieso que, más que miedo, este libro me generó cierta tristeza por lo que implica su argumento, el saber que del otro lado de la puerta está el espíritu de alguien que se fue. Estos fantasmas no son violentos, no hacen volar objetos por los aires: son más mensajeros que otra cosa. La forma en que dan el mensaje es la que da miedo (o un mínimo escalofrío, para ser exacta), no ellos en sí. Los primeros acontecimientos están bien desarrollados y despiertan interés, a pesar de que una frase que se repite muchas veces ya los predice. Me parece una pena que el apabullante trasfondo religioso y el narrador antipático no colaboren con lo que se estaba contando. Llegan a saturar y confieso que me produjo un alivio que haya cambios de narradores… hasta que se dedican a hablar de la distribución de la gente en el refugio.

Hay personajes de todo tipo y justo el protagonista es el más insoportable: la mitad del libro se la pasa idolatrándose a sí mismo, haciendo comentarios cuestionables (pero acordes a la época victoriana, por más que esté ambientado en Francia) sobre las mujeres y gritándole a la gente. No soporto a los personajes que sólo gritan y exclaman. El mejor ha sido Lecamus, al igual que su parte de la narración. La esposa y la madre de Dupin son olvidables, ya que sólo adulan al Maire y cumplen a rajatabla lo que él se encarga de decir acerca del género. No me extiendo en esto porque no viene al caso, pero a este libro se le puede sacar mucho jugo por ese lado, visto y considerando que el terror brilla por su ausencia. Creo que Una ciudad asediada  es una gran advertencia. No pude encontrar si Oliphant era excesivamente devota, pero sí deducir que estaba mostrando la decadencia de la fe a finales del siglo XIX. Y no se le ocurrió mejor idea que plasmarlo en una novela y dar consejos indirectamente. Por suerte, Oliphant escribe muy bien y se puede disfrutar de su estilo. Lo que me quedó atragantado es lo repetitivo y lo solemne que se vuelve el asunto.

En fin, no pude congeniar del todo con este libro que prometía mucho. Le falta fuerza en el final y me dio la sensación de que la historia estaba para más, que podría haber tenido condimentos que no hicieran de ella algo tan etéreo. Me gustó a medias, más por lo que me dio para analizar que por la finalidad que creía que tenía Una ciudad asediada: darme un buen susto.


¡Que tengan un buen fin de semana!

sábado, 17 de junio de 2017

"Tess: una mujer pura", de Thomas Hardy

Título: Tess: una mujer pura

Título original: Tess of the d'Urbervilles: A Pure Woman Faithfully Presented

Autor: Thomas Hardy (1840- 1928)

Año de publicación: 1891

Traducción: Manuel Ortega y Gasset 

Calificación: 🌟🌟🌟🌟

Todo esto ocurre por haber nacido en un astro picado y no en uno sano, ¿verdad, Tess?


Qué buen libro y qué buen final. Temía un poco perderme en la fama que tenía y decepcionarme, pero en la lectura me di cuenta de que la atención puesta en este libro no es gratuita. Tess habla, muestra, protesta. No creo que Hardy haya sido tan inocente como para no hacerlo y eso se nota en sus prefacios. Imposible no tratar de decir algo de una época tan acartonada e hipócrita como la victoriana.

La historia es, desde el principio, muy desgraciada y hay un hecho bisagra (que sucede en los primero capítulos) que está en casi todas las sinopsis. Me veo en la encrucijada de contarlo o no para no arruinar detalles, pero en todo caso lo oculto como spoiler (sólo tienen que seleccionar lo que ven en blanco). Tess Durbeyfield es una joven muy hermosa, hija de un vendedor de cera que de la noche a la mañana se entera de que él y sus hijos son el último eslabón de una familia muy antigua, los d’ Urberville. El padre de Tess se pone loco de contento y empieza a proclamar por todo el lugar (esto transcurre en la campiña) que es descendiente de caballeros. Ahora bien, parece que alguien más ha adoptado la forma original del apellido y cuando se produce un momento de necesidad económica (los Durbeyfield son pobres) la envían a Tess a pedir limosna, básicamente. Y, si es posible, que se case con el joven de la familia.

El acontecimiento que marca todo el resto del libro y no se puede obviar del todo es que SPOILER el joven Alec d’ Urberville se obsesiona con Tess y abusa de ella mientras estaba dormida en el bosque. Por supuesto, él lo va a negar y a decir que tuvo su consentimiento, cuando en realidad Tess no sabía ni lo que estaba haciendo, gracias a la ignorancia a la que los padres sometían a sus hijas en lo tocante al tema. FIN DEL SPOILER Esto pondrá en duda, por la consecuencia que trae, qué tan pura es Tess. Porque a ella nadie le preguntará qué pasó y si se siente bien, no, no. Ni su madre (una bestia) lo hará. A Tess la señalarán con el dedo y murmurarán detrás de sus espaldas, no importa si se quiebra el cuerpo trabajando y trata de ganarse el sustento. Entonces Tess tendrá que buscar un rumbo nuevo e irse de la casa paterna. Previamente, habrá un cruce con un personaje importante de la historia, Angel. Cuento todo esto porque, más allá de que el libro sea literariamente bueno, creo que la historia merece un foco aparte.

Hardy lleva al lector a dar un paseo (no siempre grato) por el campo, en el sur de Gran Bretaña, si no me ubiqué mal. La ciudad siempre es algo lejano, un lugar de rebote, no de paso. A la ciudad se va para viajar hacia otra parte, al campo se va a vivir experiencias. Las descripciones en tercera persona de los trabajos rurales son muy buenas (y supongo que acertadas, porque admito que no busqué el proceso de elaboración de la manteca en esos tiempos, por ejemplo) y demuestran el poder de observación y de compromiso de Hardy, quien, al parecer, tenía ciertos problemas con la industrialización. Hardy pone a prueba a la gente, porque los términos que utiliza no son los que una acostumbra a cruzarse en los libros, ya que la labor en la lechería tiene sus términos específicos, al igual que las demás. En ese momento la lectura se entrecorta un poco, pero no la desalienta. El único momento en donde sentí que el libro se hacía lento fue durante la cuarta y la quinta parte, porque hay algunos hechos que se alargan innecesariamente y esto, acompañado de las descripciones de Hardy, me causó cierto malestar.

Otra cosa que fue difícil de seguir porque era omnipresente: la religión. En este libro coexisten personajes con creencias pertenecientes a distintas iglesias. No recuerdo si hay algún capítulo en donde no se mencione algo de eso. Me parece que existe cierta crítica de Hardy en algunas frases, sobre todo porque ninguna de las religiones es capaz de albergar a Tess, que tiene una confusión tremenda en cuanto eso. Supongo que pensar esto hace que haya alguna utilidad en toda esa parafernalia de credos y mucho más en una población rural, pero en un punto me agotó. SPOILER La gota que rebalsa el vaso es asistir a la conversión de Alec en un predicador, cosa que no le dura mucho porque él mismo se encargará de culpar a la mujer de haberlo “tentado” dos veces. Es una de las ironías del destino de las mujeres: Alec encuentra consuelo en la religión, Tess no. FIN DEL SPOILER

En cuanto a los personajes, todos poseen sus luces y sus sombras. Hardy los matizó maravillosamente bien porque en algunas situaciones una duda de ellos, de su verdadera personalidad. Las reacciones que cada uno de ellos tiene ante el pasado de Tess sirven como vara para medir, por ejemplo. Y más de uno causa una decepción, ya que se espera más compasión por la protagonista. Tess me cayó bien como heroína porque toma decisiones pero es exasperante cuando no piensa por sí misma. Está atravesada (y me juego a que está hecha así a propósito) por las creencias de los demás, por los pensamientos ajenos, por los tiempos ajenos. Piensa que su condición la limita y no tiene otra opción que agachar la cabeza y dejarse manipular. Como ya dije, el siglo XIX se encargó de destrozar a las mujeres con su paradigma moral insostenible y disparejo y el desinterés por verlas más allá del rol de esposa, madre y cosa (sí, ser una cosa sigue siendo un rol). SPOILER Es muy impresionante la parte en la que Tess se “afea” porque advierte que su principal problema es ser hermosa y llamar la atención de hombres a los cuales ella no les pide ninguna opinión.  FIN DEL SPOILER La ingenuidad y la desesperación por ser aceptada la llevan a cometer un error muy grande y pierde lo que más quiere por eso. Tess es arrastrada por las circunstancias, a fin de cuentas. Los demás protagonistas, como Angel, el desagradable Alec, los padres de Tess (aunque estos aparecen menos) y las nada rencorosas Izzy y Marian, contribuyen a elaborar el destino de Tess.

El final es inesperado pero el libro da pistas y hay que prestar atención. Hardy plantea un dilema y, aunque se evidencia que está de parte de Tess, el narrador trata de tomar distancia del asunto y está bien. Pienso que, de haber ocurrido eso en el principio, el curso de la historia hubiera sido el mismo, así que está puesto estratégicamente para que impacte y cierre el libro.

No sé si seré muy exagerada al decir que Tess me pareció uno de los mejores libros escritos durante la época victoriana. Hay muchos y tal vez en un punto todos se asemejan, por eso me atrevo a decirlo. Y creo que la protagonista sufrida y desesperada, en este caso, toma un riesgo que no vi que lo tomaran otras. Me quedo con la sensación de que Tess logró cubrir mis expectativas con sólo contarme la historia de una mujer desdichada, víctima de su entorno íntimo y del contexto social. 

miércoles, 24 de mayo de 2017

"Las hojas caídas", de Wilkie Collins

Título: Las hojas caídas

Título original: The Fallen Leaves

Autor: Wilkie Collins (1824- 1889)

Año de publicación: 1879

Traducción: Miguel Martínez- Lage

Calificación: 🌟🌟🌟

Y supe bien a qué se refería. Las personas que no han tenido ninguna suerte en la lotería de la vida, las personas que se han esforzado mucho por conquistar la felicidad y que no han cosechado más que disgustos y pesares; los que no tienen amigos, los solitarios, los heridos, los perdidos…


La primera vez que intenté leer este libro tuve problemas de aburrimiento y lo dejé. Me había desconcertado un discurso sobre los preceptos del socialismo cristiano con el cual el protagonista trataba de justificarse a sí mismo, de explicar su proceder. No tuve ganas de terminarlo en ese momento. Cuando volví a retomar Las hojas caídas hace poco, supuse que lo anterior era importante. La verdad es que no influyó demasiado en la trama y la comunidad a la que pertenecía tuvo alguna influencia en contadas ocasiones. Sumando las casualidades y los deus ex machina, me dio la sensación de estar leyendo a un Charles Dickens predecible con personajes que se ganan la empatía del lector con mucho esfuerzo.

La historia se trata del joven en cuestión, Amelius Goldenheart (el apellido no es casual), un inglés que vivía en Estados Unidos y que regresa a su país natal porque lo expulsaron momentáneamente de la comunidad en la que se había criado. Se situaba en Tadmor y reunía personas que adherían al socialismo cristiano. Amelius, tal como deslicé anteriormente, usa su educación como un escudo y en Londres la necesitará más que nunca. Por una recomendación termina conociendo a la familia Farnaby, a pesar de las advertencias de otro amigo. Amelius se va a meter en aprietos cuando la señora Farnaby le pida que busque a la hija que le arrebataron hace quince años, interfiriendo en la relación con su sobrina Regina.

Admito que la contratapa del libro tenía una sinopsis que me atrapó de inmediato (es la de la edición que marqué) y que luego fue decayendo frente a mis ojos. Lo que prometía ser una historia de un muchacho que luchaba contras las convenciones sociales del siglo XIX terminó siendo casi una telenovela de horario central en donde el protagonista está sujeto a las casualidades y a los giros imprevistos del destino. Imprevistos para él, porque para mí no hubo asombro. La sinopsis devela que Amelius se enamora de Regina pero incluso dentro del libro esto ya se anuncia a gritos. SPOILER Y luego, en el capítulo que abre con la introducción de Sally la Simple a la trama, no hay ningún indicio de querer apartar al lector de la idea de que esa chica es la hija perdida de Emma Farnaby. En conjunto con esta predicción, está el hecho de que Amelius empieza a confundirse y a preferir a Sally antes que a Regina. FIN DEL SPOILER Sé que Collins no es el único que echa mano al azar para hacer rodar los acontecimientos (Dickens hacía lo mismo, basta con leer el final de Oliver Twist para comprenderlo). Mi problema principal no pasa por allí: es la brusquedad, la escasa mediación entre la historia y el escritor para plasmar eso en el papel. No estoy diciendo que Collins escriba mal, si no que prescinde de “maquillar” a algunos personajes que deberían haber sostenido el suspenso durante más páginas. Me cuesta discernir si es una estrategia para que el lector ya conozca todas las cartas de antemano y se interese por lo inmediato o si a Collins le daba igual, a pesar de que su biografía me hace pensar que era un escritor atento a la recepción de sus libros. Sin embargo, atribuirle a un muchacho recién llegado una “misión” sólo porque alguien soñó con ello me parece absurdo, al igual que el enredo y la conspiración que se generan porque uno de los personajes estuvo en el lugar y en el momento apropiado.

Pero si la desventaja está en aquello que se adivina con facilidad, la ventaja reside en los personajes que se desarrollan paulatinamente y traen algunas sorpresas. No son altamente queribles, prefiero decir que son “respetables”. Amelius se presenta a sí mismo con una convicción religiosa, política y moral que parece incorruptible y apenas pisa Londres, se salpica de barro. La inocencia de la comunidad americana que lo acobijó se resquebraja y es ahí, en las fisuras, donde Amelius empieza a crecer. No hay ni un Consejo ni un Hermano Anciano a quien consultarle las decisiones o los reglamentos. En Londres depende de sí mismo, aunque muchas veces cuenta con la ayuda de Rufus, un norteamericano que conoce durante el viaje hacia Gran Bretaña. Rufus es la voz de la conciencia objetiva y oficia de mensajero en unas cuantas ocasiones. Me agradó porque ayuda a Amelius con desinterés y la relación va mutando a lo largo del libro. Y estoy muy de acuerdo con él en ese párrafo que añade a una carta (no voy a reproducirlo, obviamente). Luego están los villanos de turno, aquellos que no cambian nunca y dificultan la existencia del protagonista, como John Farnaby y Jervy. Son caricaturescos y se hacen odiar tanto que una los termina aplaudiendo. Los personajes femeninos no rompen el molde (tampoco esperaba que lo hicieran en esta novela tan predecible) pero están bien constituidos. Los hay en todos sus espectros: la enamorada no correspondida, la madre sufriente, la frívola que trata de convencerse a sí misma de que puede amar, la desafortunada en la vida. Las “hojas caídas”, en este libro, son mayoritariamente mujeres y hay una en particular que me causó exasperación. En el posfacio que agrega el traductor de esta edición, Collins manifestaba que  esa de la que hablo  no fue la favorita de los lectores. Él lo atribuía a un problema de prejuicios, pero yo me atrevo a contradecirlo desde otro siglo y sacando totalmente del juego a la condición de clase, que imagino que era lo que generó el revuelo en esos años. Lo que a mí me molestó de ella SPOILER  (Sally) FIN DEL SPOILER fue su animalización y el hincapié que pone en la belleza y la figura que van cambiando con la mejora de su salud, como si se estuviera transformando a propósito en un “partido” para el protagonista. SPOILER Sally pregunta siempre lo mismo (“¿he hecho algo malo?”, en todas  las variantes), se la trata como a una niña (por el supuesto retraso en la maduración de su carácter) y termina siendo el interés amoroso de Amelius. Claro, ¿quién otra podría haberlo liberado del compromiso con Regina, que era fuertemente resistido por los Farnaby? Ni siquiera sabe diferenciar entre el amor y el agradecimiento, pero no importa. A fin de cuentas, la señora Farnaby se suicidó y no se puede desarrollar ninguna relación entre madre e hija, destruyendo parte de la línea argumental del libro. FIN DEL SPOILER Me causó pena ver que crecía sólo para satisfacer a otro.

Lo anterior se relaciona también con el modo en que cada uno está regido por las obligaciones y costumbres de la sociedad que funciona como margen. En Las hojas caídas hay múltiples comparaciones entre el modo de vivir y de ser de los norteamericanos y el de los británicos. Puede que Collins estuviera destilando el veneno necesario para hacerle frente a una época que él mismo desafió (no sabía que era una especie de bígamo hasta que leí el posfacio). Supongo que a los lectores de ese momento no les habrá caído nada bien leer las opiniones que Amelius y Rufus emiten en contra de los ciudadanos. El mismo Amelius escribe cartas quejándose de la corrupción que ya mencioné (“tengo la impresión de que en Londres me vuelvo peor, más perverso”, dice), lejos de la pacífica Tadmor. Cualquier lugar se erige como uno en donde se puede comenzar una nueva vida o mantener la inocencia, como Nueva Zelanda o Estados Unidos. El amor al dinero pesa más que el amor entre personas y eso afectará a Amelius, que estará ceñido por las apariencias hasta cuando realiza un acto de caridad. Collins no pierde la ocasión para retratar los bajos fondos de la ciudad romantizando algunas de sus aristas. A Collins no le faltan palabras para describir (de hecho, su escritura va al hueso) y se vuelve minucioso y más poético en las partes que enfatiza. Están bien llevadas y algunas que pertenecen a momentos de quiebre SPOILER (como el reconocimiento de la hija o la detención de la señora Sowler) FIN DE SPOILER son memorables.

Las hojas caídas  es un salto a la obra de Collins que me falta leer. Estoy segura de que esa creatividad para elegir sus héroes y heroínas está mejor empleada en sus otros libros, en donde espero no cruzarme demasiado con el melodrama y los elementos sacados de una galera. Otra cosa que tiene a favor es que el libro entretiene y hace pasar las páginas como si nada, sin oponer resistencia. Por último, creo que es necesario decir que la historia termina con cabos sueltos porque el autor planeaba una continuación. Dejó borradores y no la concluyó debido a su fallecimiento. Tal vez suene muy hosca, pero la inexistencia de esa segunda parte no me quita el sueño. Me quedaré sin saber más de uno de los personajes que me interesaban SPOILER (Mellicent, la mujer que se enamoró de Amelius en Tadmor) FIN DE SPOILER, sí, y no lo lamento. Prefiero guardarme una buena impresión antes que desilusionarme definitivamente con otra novela llena de conflictos que se ven venir a la legua y diálogos azucarados.

martes, 16 de mayo de 2017

"Drácula", de Bram Stoker

Título: Drácula

Título original: Dracula

Autor: Bram Stoker (1847- 1912)

Año de publicación: 1897

Traducción: Dolores Aranguren 

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟

Pues la vida, después de todo, es sólo una espera por alguna otra cosa además de lo que estamos haciendo; y la muerte es todo sobre lo que verdaderamente podemos depender.



No puedo calificar con menos estrellas a un libro que, además de ser entretenido y de tener los condimentos que se le piden, condensa muchas de las premisas del victorianismo y pinta al siglo XIX. Difícilmente pase inadvertido todo lo que hay detrás de la lucha entre el vampiro (el Mal) y un grupo de personas (el Bien) que se propone exterminarlo. Lo cierto es que Drácula no envejeció (chiste tonto) frente a mis ojos e incluso ahora, en la relectura, pude ver cosas que antes había ignorado por distintas razones. La reseña tiene un spoiler, pero está debidamente señalado y si quieren verlo sólo tienen que seleccionar el espacio en blanco que hay entre esas señales. 

El argumento es conocidísimo: un hombre viaja a Transilvania para cerrar la venta de unas  propiedades. Las cosas empiezan a salir mal desde el inicio, ya que Jonathan Harker encontrará en el camino indicios de la probabilidad de no volver del lugar hacia donde se dirige. Pero como son extranjeros supersticiosos (la itálica es mía), hará oídos sordos y el resto es historia. Se aloja en el castillo de Drácula y empiezan a suceder cosas tan aterradoras como que el anfitrión trepe paredes. Sep. Por otra parte, se abre una línea de la trama en donde la protagonista es Mina, la prometida de Jonathan, junto con su amiga Lucy.

Que sea una novela epistolar le da múltiples ventajas. El lector tiene todas las perspectivas en la mano y puede hacer lo que los personajes no pueden hasta la mitad de la novela: leer o escuchar lo que escribió o grabó el otro. Me interesó mucho cómo esta historia tan particular de terror se construye en base a los momentos de escritura ajenos (cartas, telegramas, diarios) y de la puesta en orden de los hechos. Además, es muy importante a la hora de la resolución del problema. También se logra que el estilo oscile entre lo cargado y lo sencillo, ya que hay una limitación en la elaboración de las frases de alguien que escribe un diario y en donde los acontecimientos requieren celeridad. Básicamente, estos personajes no se pueden sentar a reflexionar cada una de las palabras porque tienen a un vampiro amenazándolos detrás. Eso está muy bien manejado por parte de Stoker, que escribe de forma excelente pero no abruma. A veces se detiene particularmente en algunos asuntos (las explicaciones de Van Helsing son muy extensas, por ejemplo) y luego retoma el ritmo dinámico. Personalmente, me aburrí un poco con las indagaciones de Jonathan, que parecían un largo trámite lleno de papelerío.  

Me sorprendió darme cuenta en esta relectura que Drácula podría haber sido tranquilamente un comic. Tal vez suene desubicado, pero es lo que pienso. La idea de seis personas que se reúnen en privado para derrotar a un enemigo que planea algo malévolo (en este caso, diseminar su raza, y eso tiene connotaciones típicas del siglo… en esta materia recomiendo fervientemente El Horla, de Guy de Maupassant) se parece mucho a una historieta o película de superhéroes. Y creo que es por eso que me gusta más, porque es una novela que a finales del XIX muestra una premisa que se repetirá en el siglo siguiente. Con otros agregados, otros planteos, otras personas, pero lo hará. Esto que estoy elogiando no significa que el libro derroche acción o en algún momento a Harker se le ocurra confeccionarse un traje, no. El verdadero caos se produce hacia el final (un tanto precipitado, tengo que decirlo) y el resto consiste en el descubrimiento y conocimiento del enemigo. Drácula, al igual que varios villanos, también viene de otro lado, habla un idioma diferente y tiene características que a muchos les cuesta entender. También me desconcertó eso, de buena manera: la cantidad de poderes y habilidades de este temible vampiro. Es una criatura tan especial que los momentos de destrucción de un vampiro son los que más miedo dan durante la lectura, ya que implica una violencia muy explícita sobre los cuerpos. El hecho de ser un muerto vivo, aquello que no debería ser pero sigue caminando entre los que sí son, añade un plus al terror. 

Con respecto a los personajes, son variados y están muy bien armados. No quiero comentarlos uno por uno porque no sé hasta qué punto hacerlo daría pie a un spoiler pero me conformaré con decir que, a pesar de todo el discurso en donde ellos se perciben como “ministros de la voluntad de Dios” cuya finalidad en la Tierra es acabar con el mal que podría extenderse por Gran Bretaña y luego infectar el mundo, los protagonistas triunfan al llevarse la simpatía del lector. O la mía, al menos. Jonathan, Mina, Arthur… Todos tienen sus personalidades distintivas y convergen al aparecer una meta en común, ya que las personas a las que Drácula perjudica son sus seres queridos. Creo que ahí está la clave de la simpatía: ellos toman al peligro en serio y deciden hacerse cargo de ese ser extraño que afectó la normalidad de sus vidas. Jonathan vuelve del viaje y no se queda sentado en su casa, Mina no se cruza de brazos ante el sufrimiento ajeno, Van Helsing se pone al hombro un problema que ni siquiera era suyo. Algunos, como Seward, representan el lado escéptico de la ciencia (y del siglo XIX) y está muy bien que ofrezca resistencia. El único personaje que no terminó de convencerme fue Renfield: sus apariciones siempre despertaban mi atención pero no encontré una funcionalidad fuerte en la trama, más allá de que desliza la razón de ser de Drácula. El vampiro, por su parte, no aparece demasiado pero cada vez que lo hace se roba la escena, por así decirlo. Lo que no me gustó es que se pusiera a explicar sus motivaciones y planes cada vez que lo hacía (o quizá yo esté bastante harta del mansplaining en general). Algo que casi olvido mencionar: hay comentarios y opiniones de los personajes principales que me cayeron pesadas (igual son disparadores de análisis, no me puedo quejar tanto) porque se ponen en una posición cuestionable de superioridad mental y económica. En ciertos momentos dependen de trabajadores de distinta índole y no les hacen un retrato muy favorable. Pasa algo similar con los extranjeros.  

Mención aparte merece la cuestión de las mujeres en esta novela. No me extenderé en esto porque sé que soy insoportable y hay cosas que, obviamente, prefiero reservarme para mis trabajos, pero es saludable ponerlo en la mesa. Me hice muchas preguntas mientras leía. En varias ocasiones se comparan a las tres vampiresas de Drácula con Mina o con Lucy y las primeras salen perdiendo a los ojos ajenos (tanto de hombres como mujeres). Y, al mismo tiempo, ninguno de los hombres (Van Helsing en particular) deja de mencionar que Mina y Lucy son hermosas. Entonces, ¿la belleza causa pánico si viene de una “pecadora” (cargada de erotismo, para colmo) pero es loable si la mujer es “pura”, preferiblemente devota? ¿Van Helsing y sus amigos hubieran decidido ayudar a Lucy si ella no hubiera sido bonita, condición que se repite en el texto hasta el hartazgo? ¿Por qué la gente se sorprende de la inteligencia de Mina? Cuando los protagonistas deciden encargarse de Drácula sin involucrarla, el recato victoriano sale a luz. Las excusas son demasiado ridículas y sexistas para la gente de este siglo (yo me reí en voz alta mientras las leía), pero esconden todo un aparato de convenciones sociales y creencias. Ni siquiera los hombres se escapan de ellas cuando se resalta la fuerza y la valentía de los mismos (en el episodio de las transfusiones de sangre, por ejemplo), como si fueran características obligatorias y que excluyen, por supuesto, los momentos de llanto. Lo bueno es que Stoker destraba esos lineamientos con acciones que me sorprendieron gratamente. SPOILER Arthur casi se desploma del dolor y no por eso se reduce su importancia en la consideración del lector, así como también Mina termina siendo irremplazable en la resolución de la ruta de Drácula. FIN DEL SPOILER

Por estas razones y muchas más Drácula no pasa de moda aunque los vampiros sí lo hagan, refiriéndome un poco a las infinitas y casi constantes reversiones que se realizan de este mito. Podrán cambiarles la dieta, volverlos más amables o atractivos (Drácula no lo es, por cierto), pero siguen siendo una fuente de terror gracias a que al menos sobrevive la idea de la alimentación con sangre, de la transformación y corrupción del cuerpo, de la extinción de la vida misma. Si bien Stoker no fue el primero en tratar el vampirismo, no se le puede negar que le dio un nivel supremo, organizando una historia detectivesca de a ratos y, fundamentalmente, de miedo. Es curioso: la novela es tan eterna como su personaje. Lo tiene merecido. 

Libros similares: 

El vampiro, John Polidori
Carmilla, Joseph Sheridan Le Fanu
Dracula' s Guest, Bram Stoker (es un capítulo de Drácula que fue eliminado)