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viernes, 5 de abril de 2019

"Amor y amistad/ Jack y Alice", de Jane Austen



Título: Amor y amistad/ Jack y Alice 

Título original: Love and Friendship/ Jack and Alice 

Autora: Jane Austen (1775-1817)

Año de publicación original: 1933

Traducción: Paula Varsavsky

Calificación: 🌟🌟🌟





Jane Austen es de esas escritoras a las que nunca terminamos de conocer porque siempre queda algo por descubrir y leer de ella. Puedo afirmar que la mayoría la encontramos por Orgullo y prejuicio y luego continuamos con sus otras novelas, pero… ¿qué pasa con las cartas personales? ¿Qué pasa con los relatos que escribió en su juventud, esos que eran para su familia y se publicaron muchísimo después? Esta edición trae dos de esas novelas: Amor y amistad (que integra el segundo volumen de relatos que armó la misma Austen) y Jack y Alice (del primer volumen). Voy a comentar brevemente las novelas porque son tan cortas que corro riesgos de contar de más. 

Amor y amistad es una novela epistolar entre Laura, una mujer de 55 años, y la hija de una de sus amigas, Marianne. La madre había pedido a Laura que le contara a Marianne sus aventuras y desventuras en el amor. Y la verdad es que a Laura le sucedió de todo: un matrimonio sin el consentimiento del padre del novio, accidentes, amigos que caen en prisión… La novela es ligera, pero cae en el absurdo porque los episodios son fugaces, melodramáticos y hasta un poco ridículos. Al principio creí que era un desatino de Austen (a la cual puedo perdonar, porque escribió esto a los 14 años y no la concluyó) pero luego preferí inclinarme a la lectura en clave de parodia. Los libros de Austen no sólo critican a la sociedad mediante el humor: también se burlan de otros libros de la época. Es muy cierto que a finales del siglo XVIII se publicaron unas cuantas historias donde las protagonistas femeninas eran el centro de todas las desgracias habidas y por haber, además de vivir romances muy apasionados. En Amor y amistad no faltan ni los desmayos ni las muestras excesivas de confianza y de amor. También encontré algunas incoherencias, como el tiempo que transcurre entre que Laura conoce a Edward y él le pide matrimonio (no es spoiler). Creo que aquí, en esta novela, está el inicio de lo que serían más tarde las novelas adultas de Austen. 

Jack y Alice, por otra parte, es una novela aún más increíble. Presenta a una protagonista totalmente impensada para un libro de Austen: Alice es una muchacha alcohólica, al igual que su familia. Ella está enamorada de Charles Adams, un hombre que tiene ambiciones desmedidas y narcisistas (y poco realistas) con respecto a la esposa ideal. Una vez planteado este eje, Austen presenta a otros personajes (femeninos, en su mayoría) que desvían un poco la atención, ya que, al menos de mi parte, no se producen encuentros entre Alice y Charles que eleven el interés en la novela (más o menos como una espera en Orgullo y prejuicio o Sensatez y sentimientos). Transcurre una disputa absurda entre Alice y Lady Williams y luego conocen a Lucy, un personaje que será clave porque dará el puntapié a un hecho que jamás leí en una novela de Austen. No diré qué es porque está sobre el final, pero me sorprendió mucho esa elección que hizo ¿La desventaja? Todo se da en unos pocos párrafos y la novela termina abruptamente ¿Una curiosidad? No aparece ningún "Jack" en toda la novela.

En definitiva, los relatos de Austen tal vez no estén pulidos, ni siquiera terminados (en algunos casos), pero su lectura es un buen ejercicio para conocer el desarrollo de la autora. 

Esta edición está prologada por Paula Varsavsky y agradezco que afirme que los libros de Austen están mal clasificados cuando los lectores los atribuyen al género romántico. Le agradezco también a la editorial Bärenhaus por confiar en mí y haberme dado el ejemplar para reseñar. 

¿Leyeron algún relato de juventud de Jane Austen? ¡Qué tengan buen fin de semana!


viernes, 23 de noviembre de 2018

Book Haul de agosto, septiembre y octubre

Hoy quería compartir los libros que conseguí durante estos tres meses. No fueron muchos, pero no me importa la cantidad, si no la calidad. Lo mejor de todo es que son libros gorditos :3 Voy directamente al grano así no aburro a nadie con presentaciones. Pero no puedo dejar de decir que estoy sorprendida por la variedad de géneros que estuve adquiriendo. 



Corazón de tinta, de Cornelia Funke (Mundo de Tinta #1): este libro es muy conocido y tiene película propia, aunque las continuaciones en la pantalla quedaron truncas. Sin embargo, la trilogía se consigue y siempre tuve ganas de leerla. Este libro lo conseguí usado y a muy buen precio, en una ráfaga de suerte. Ya lo empecé a leer. Se trata de Meggie, una niña que ama los libros y vive algunas aventuras porque un villano quiere un libro que posee su padre... y descubre que también la está buscando a ella. 

Mansfield Park, de Jane Austen: la última novela que me faltaba de la buena amiga Jane. Esta edición me parece muy bonita, cómoda (no pesa nada) y además es muy económica. Veré qué tal es la traducción. No me animo a leer a Austen en inglés todavía. La conseguí en una de las librerías que hay por Av. Corrientes (CABA). 

Villette, de Charlotte Brontë: por fin vuelvo a comprar algo de Charlotte Brontë. Siempre me culpo por no haber ido más allá de Jane Eyre y El profesor, pero cuando vi este libro justo estaba de oferta y no tuve excusas. Está en inglés y es una edición muy completa, con notas y todo (eso me importa más que el diseño de la tapa, por cierto) ¿La desventaja? Pesa mucho. Seguramente lo lea en vacaciones o lo deje para más adelante, porque la lectura y el verano no son buenos amigos. 



Cuernos, de Joe Hill: hace mil años que no compraba un libro de terror. Fue una lástima que no haya podido leerlo en octubre, pero no se dio. Se trata de un hombre al que un día le crecen cuernos en la cabeza y que puede hacer que las personas le cuenten sus deseos oscuros. Me da un poco de miedo la premisa, pero creo que será interesante. Hay una película basada en este libro (la cual no vi, por supuesto) y está protagonizada por Daniel Radcliffe.  

Divina Comedia, de Dante Alighieri: sí, este libro lo leí, pero tuve un problema realmente grave con la traducción de la edición que yo tenía (y preparé una entrada que en cualquier momento publico). Cuando me enteré de que Gredos había sacado la traducción de Ángel Crespo me puse muy feliz pero no pude conseguirla de inmediato. Y para eso están las librerías de Av. Corrientes, para hacer magia. Este libro es enorme (tiene las 3 partes de la Divina Comedia) y de tapa dura. Quiero releerlo en cuanto pueda. 




Muerte en el Britannic, de Elizabeth Gill: ya presenté este libro en otra entrada, pero por si no la leyeron les cuento que es un policial del siglo XX donde un detective tiene que resolver un crimen que se cometió durante su viaje en barco. Es una colaboración con Sherlock Editores y terminé de leerlo hace poco, así que próximamente estará la reseña por acá. Me gustó :) ¡Y es el más finito de todos los libros presentados!

Y hasta ahí el book haul. Vuelvo a repetir que me encantó la variedad de libros, siempre me pone contenta ver que no compro lo mismo todo el tiempo ¿Les llama la atención alguno? ¿Los leyeron?

¡Que tengan un buen fin de semana!

viernes, 4 de agosto de 2017

"Orgullo y prejuicio", de Jane Austen


Título: Orgullo y prejuicio

Título original: Pride and Prejudice

Autor: Jane Austen (1775- 1817)

Año de publicación: 1813

Traducción: José J. de Urríes de Azara

Calificación: 🌟🌟🌟🌟


Cuanto más conozco el mundo más me enoja, y todos los días confirmo mi creencia en la inconstancia de los caracteres humanos y en lo poco que se puede fiar de las apariencias de mérito o de talento.


Se hace difícil reseñar un clásico del cual ya está (casi) todo dicho, así que me voy a concentrar en mi opinión y no tanto en los elementos que describen al libro. Es, como la mayoría de los trabajos de Austen, una historia que se puede amar completamente por el desarrollo de los acontecimientos o vilipendiar porque los protagonistas carecen de sensualidad, cosa que lo hace aburrido para estos tiempos (o los lectores acostumbrados a estos tiempos). Sin embargo, creo que el problema pasa por la mala fama que le han hecho a Orgullo y prejuicio como un libro romántico en una época donde la definición del género está llena de contradicciones. Digo “mala fama” no porque un libro romántico sea de cuarta categoría (a pesar de que algunos lo son), sino porque me parece erróneo adjudicárselo a OyP con tanta soltura. Esta relectura abrió líneas de lectura que no había explorado y reafirmó que el objetivo principal de Austen era el de mostrar las ridiculeces que soportaba en esos años, usando como excusa la concertación de uno o varios matrimonios. Ese abanico que despliega en OyP lo vuelve más complicado, menos empalagoso y me sugiere por qué Austen nunca se casó, dejando a un lado que pueda confesarlo en alguna carta que todavía  no leí. No la culpo. 

Orgullo y prejuicio cuenta la historia de la familia Bennet, residentes de Longbourn, que está compuesta por padre, madre y cinco hijas mujeres (de mayor a menor): Jane, Elizabeth (Lizzy), Mary, Catherine y Lydia. Debido a que las mujeres no pueden heredar propiedades y a la muerte del señor Bennet la casa se legaría a un pariente varón, la madre de las muchachas no piensa en otra cosa que en acomodarlas mediante matrimonios ventajosos. Así que, cuando Charles Bingley, un hombre muy acaudalado, se muda cerca de los Bennet, la noticia de su soltería pone en alerta los instintos casamenteros de la señora de Longbourn. Ahí empieza la historia. Bingley tomará partido por Jane y, a la vez, este tiene un amigo medio gruñón que será importante en la trama: Fitzwilliam Darcy. 

La novela transcurre entre bailes, visitas, cartas, chismes y comparaciones entre la ciudad y el campo. Eso está garantizado por Austen. Noté que en esta ocasión los sucesos se me hicieron más fluidos y, comparándolos con otros libros de la misma autora, hasta fueron más agradables. De acuerdo a mi punto de vista, OyP está trabajado lo justo y necesario y goza de más libertad narrativa que Emma, por ejemplo. Hasta los personajes se sienten menos encorsetados en sus papeles y resultan más simpáticos, incluso si no lo son (estoy mirando a Collins de reojo, aunque admito que aporta la dosis de humor). El inicio se mete de lleno con el conflicto principal, es decir, la llegada de Bingley y su amigo Darcy, así que no introduce con lentitud. Eso me provocó dudas porque me daba la sensación de estar ante un libro troceado (hay cuestiones, como la relación entre el señor y la señora Bennet o las personalidades de las hermanas, que se hacen esperar), de esos en donde la información aparece mágicamente cuando la trama lo requiere, pero a la vez no. En la balanza pesó más la idea de que OyP es una novela que se desenvuelve sin la obligación de retratar todo en diez largas páginas sólo para que el lector pueda recorrer el resto sin sobresaltos. Me gustó que se tome el tiempo. 

Si no mencioné antes a Lizzy fue porque ella merecía su párrafo aparte. Es la verdadera protagonista de la historia ya que la mayoría de la narración se concentra en sus pensamientos y en su perspectiva. Lizzy odiará a Darcy por su porte reservado y orgulloso, sin olvidar que dice algo antipático sobre ella cuando la conoce. Y Darcy, por su parte, se mantiene distante de esa muchacha tan vivaz y contestadora. Me atrevo a decir que ella es una heroína bastante rara para la época. O, tal vez, yo me haya topado con pocas mujeres en la literatura de principios del siglo XIX que razonen tanto y tengan la capacidad de decidir qué hacer con sus vidas… a pesar de que las madres sean manojos de nervios andantes que las exponen como adornos en subasta. Al leer las salvajadas que exclama la señora Bennet (porque no habla, grita), toma sentido. De vuelta a Lizzy, me parece que le hace honor al pedestal de personajes literarios en donde está ubicada. Se avergüenza de la familia, se pasa de prejuiciosa, le cuesta pensar bien de la gente y está lejos de ser una sabelotodo. Austen nunca la presenta como un modelo a seguir, si no como un ser humano con errores y aciertos que busca desesperadamente la normalidad en un entorno que dedica horas y horas a hablar del matrimonio, la renta anual de X, vestidos y la vida de los vecinos, incluso en los momentos más delicados. Lizzy podría ser tranquilamente una mujer de este siglo atrapada en costumbres que hasta ella misma acepta, como el hecho de que una persona de rango inferior no pueda hablarle primero a una de rango superior y deba ser al revés. 

Me sorprendió encontrar (evidentemente, lo había olvidado) una descripción detallada de la indiferencia del señor Bennet hacia su esposa. En sus intercambios de opiniones se nota que a Bennet le importa un comino lo que le suceda a la señora, pero no había esperado que Austen le dedicara tiempo a ese matrimonio y que Lizzy fuera la que da la puntada final, en donde muestra su desilusión. Son párrafos agridulces y profundizan el comportamiento de Bennet en la novela. El “patriarca” de la casa pasa horas en la biblioteca e interviene para decidir… hasta que su voz se apaga. Los bocadillos que mete el señor Bennet se cuentan con los dedos y, a pesar de su hilaridad, transmiten la sensación de que él preferiría estar en cualquier otro lugar menos en esa casa llena de mujeres. En la primera lectura del libro lo vi con ojos más inocentes, pero ahora cambió un poco mi perspectiva. Con respecto a su esposa, sobrepasa los límites de mi paciencia si ignoro que se casó con el hombre equivocado. Me enoja que sólo piense en ganar esa carrera absurda que disputa con sus vecinas: “a ver quién establece a las mujeres primero”. Tiremos a nuestras hijas a los lobos con tal de que una alianza y una renta (de ambas partes) permitan su supervivencia, ya que si quedasen solteras traerían desgracias. Generalizo y uso “lobos” porque estas señoras que ofician de Cupido priorizan los ingresos del hombre, no la reputación. Ellos también sufren las presiones. SPOILER Basta con recordar a Catherine de Bourgh insistiendo en que Darcy debía casarse con su hija o a Bingley siendo persuadido por sus hermanas y el propio Darcy para que olvide a Jane. FIN DEL SPOILER  

No puedo omitir el tema de la relación amorosa entre los protagonistas, más allá de que sea muy común hablar de ello. Me encanta la forma paulatina SPOILER (bueno, a Darcy le costó menos enamorarse) FIN DEL SPOILER en la que estos dos tercos van cambiando los sentimientos desdeñosos por unos más positivos. En mis escenas favoritas siempre están ellos dos porque sus diálogos son chispeantes, incluso cuando pelean. Darcy trae polémica a la hora de opinar sobre él por las actitudes en las primeras páginas, pero creo que compensa las faltas en el carácter con lo que hace por Lizzy. Es más humano que sea imperfecto y no un depósito de cualidades que en la vida real brillan por su ausencia. 

Sostengo (no reseñé la primera lectura pero recuerdo qué me había faltado para las cinco estrellas) que el desenlace de la historia me pareció apresurado. En las últimas veinte páginas convergen todos los conflictos y se resuelven para que después Austen explique, en escasos párrafos, el destino de cada personaje. He observado este problema en otros libros de la autora y el más reciente fue Emma.  Particularmente, me hubiera encantado saber más de Mary, un personaje que se mueve como una sombra y es censurada cuando aparece. Una cuestión nueva que advertí fue que Bingley tiene poca participación y me dejó con ganas de conocerlo más. Aparece bastante al inicio y después la narración se limita a proporcionar información sobre su accionar, sin ahondar en el momento clave que le corresponde. Creo que se lo pinta mejor a Collins con las cartas larguísimas que escribe y su charlatanería pomposa. Estas cosas que señalo no desmitifican a Austen (para mí sigue siendo prácticamente indiscutible), sino que, a mis ojos, permiten considerar cuál de sus obras se acerca a la perfección, si eso existe. El hecho de que pueda aburrir o no pertenece al campo de la percepción del lector. Este libro me pareció muy dinámico aunque eso no justifique el final a las corridas, claro está.

Orgullo y prejuicio vale la pena el esfuerzo. No es un libro para todos (no existe el libro “para todos”, según mi criterio), pero al menos se puede utilizar para probar si Jane Austen se convierte en una escritora favorita o en una que conviene ignorar, pensando en una generación de lectores que probablemente la conozca más por las adaptaciones cinematográficas que por las novelas en sí. Como dato curioso, a Austen la descubrí así, porque la escuela nunca la mencionó y, en mi carrera, la pasan olímpicamente por alto. Algo me dice que su género y la asociación con libros dedicados a un público netamente femenino incentivan el olvido. Me causa extrañeza porque a las hermanas Brontë * se las podría acusar de lo mismo y, sin embargo, obtienen más reconocimiento. Supongo que forma parte de las numerosas incongruencias de este mundo tan grande llamado “literatura”.  Después de este lloriqueo lector- académico que solté, sólo me resta decir que adoro este libro y no hay argumento o desconsideración que me importe a la hora de hacerlo.    


(*) No tengo ningún problema con las Brontë (todo lo contrario), sólo las usé como ejemplo por los contrastes con el tratamiento que se le da a Jane Austen.

martes, 18 de julio de 2017

"Emma", de Jane Austen


Título: Emma

Título original: Emma

Autor: Jane Austen (1775- 1817)

Año de publicación: 1815

Traducción: Carlos Pujol

Calificación: 🌟🌟🌟🌟


[...] pero yo nunca me he enamorado; no va con mi manera de ser o con mi carácter, y creo que nunca me enamoraré. 

Me encanta Jane Austen y hoy se cumple otro aniversario de su fallecimiento. Este mes estoy releyendo Orgullo y prejuicio, el primer libro que leí de esta autora, y encontré que había cosas que había olvidado completamente o pasado por alto. Sé que hay mil maneras más creativas de recordar a Austen (y que otros prefieren olvidarla, ya que es una autora tan amada como odiada), pero me contento con subir la reseña de uno de los libros que más me gustaron de ella.

Gracias, Jane Austen, por no decepcionarme aún. Se nota que este lo escribió durante la madurez, porque ni Sensatez y sentimientos ni Orgullo y prejuicio tienen una trama que se asemeja a la de este y a la vez es más compleja. Uno de los motivos puede llegar a ser una protagonista que no lleva un cartel pidiendo que el lector la quiera (salvo en ocasiones puntuales) y muchos personajes que dan falsas impresiones. No pueden faltar las descripciones de los entretenimientos de zonas rurales y la fina ironía que utiliza Austen para quejarse de la sociedad. Podría haber sido perfecto pero, sobre el final (y trataré de justificarlo sin spoilers más adelante), se cortan hilos sin ninguna delicadeza y los acontecimientos se precipitan mucho. Contrastando esto con la lentitud del principio, no puedo pasarlo por alto. 

Como siempre, la corrección de la sinopsis de la edición que leí (la de la foto, también marcada en Goodreads): Emma no se muda a Hartfield porque ella ya vive allí. No está aburrida y Knightley no debería aparecer de golpe en el párrafo. En resumidas cuentas, Emma Woodhouse es una señorita de veintiún años, vive con su padre y ambos pertenecen a la buena sociedad de Highbury. La que se muda es la institutriz, Anne Weston, porque se casa. El matrimonio estuvo casi arreglado por Emma, ya que tiene como pasatiempo armar parejas y predecir una boda para los novios. Esto le va a traer problemas cuando intente hacer lo mismo con Harriet Smith, una amiga de condición social inferior. 

Después del insoportable párrafo que cuenta el argumento, los elogios: me encanta Emma como protagonista y creo que es una de las mejores de las novelas de Jane Austen (me falta leer Mansfield Park, para tener una idea acabada). Es egoísta, juzga a los demás por su clase social, cree que es la titiritera de la gente que la rodea y sólo tiene a George Knightley para que la enderece un poco en sus acciones. No quiere casarse y analiza punto por punto las situaciones que vive. No se la puede apreciar apenas empieza el libro porque la actitud molesta, es cierto, pero no se puede sacar a Emma de su contexto. Vive en una época en donde las personas eran definidas por sus posesiones y su renta anual, así que ella hace lo mismo porque, en realidad, no es tan inteligente como la pintan. Su poder de observación no es infalible y, por supuesto, no hay párrafos en donde filosofe sobre la vida o la economía de Gran Bretaña. Su inteligencia está basada en lo que se consideraba así en ese siglo para las mujeres. Obviamente, a los hombres se los medía con otros parámetros y tal vez por eso Emma toca una fibra sensible y Frank Churchill o Elton, que son más insoportables que ella SPOILER (y no, para mí el final no lo redime), FIN DEL SPOILER no lo hacen. Así que no hemos cambiado. Lo importante es que Emma va suavizando las opiniones y las actitudes a medida que se mete en problemas porque, a fin de cuentas, tiene capacidad de autocrítica. Me hubiera gustado que midiera las consecuencias de sus actos antes de ejecutarlos, ya que era tan lista. 

Hay otros que merecen que se los mencione porque completan el universo Austen. Knightley, Harriet y Augusta son tres muestras de distintos tipos de personas que se encuentran a menudo en estas novelas, pero tienen características que los diferencian del resto. Knightley tiene todo y no presume, Harriet no tiene nada y no le importa y Augusta tiene todo y lo refriega en cualquier rostro que se le cruce. Creo que Austen trabaja muy bien con estos tres y los desarrolla para que queden como ejemplo de esa sociedad que ella tanto miraba de reojo (el tratamiento era mutuo, me atrevo a decir). Luego está el padre de Emma, siempre listo para aportar la cuota de humor con su excesiva preocupación médica y climática. Todos son muy sinceros y algunas frases son difíciles de digerir desde la perspectiva de un siglo más benevolente, aunque sobrevivan los hipócritas. 

El puntapié inicial de la historia se da cuando Emma desea que Harriet, en detrimento de un hombre humilde que ama, se case con el señor Elton, quien la haría ascender socialmente. Harriet es una especie de proyecto de Emma y, a pesar de la manipulación a la que la pobre chica se somete sin ofrecer resistencia, la amistad entre ellas llega a ser importante en la trama. A partir de allí, se suceden los equívocos que no pueden faltar en las novelas de Austen, las palabras mal interpretadas, los temperamentos poco sondeados. Hay bailes, visitas y excursiones (otra cosa no se puede hacer, ya que no están en Londres) que sirven de marco para estos sucesos. Están bien armados y no detecté muchas conversaciones innecesarias, salvo las de la señorita Bates porque lo requería su personaje. Siempre está la sensación de que dan demasiadas vueltas para decir algo simple, pero se puede superar. La narración es afilada y se me hizo más llevadera y sensible que la de otras novelas de Austen (como Sensatez y sentimientos, por ejemplo). Básicamente, todo esto bien. Sin embargo, porque nada existe sin un “sin embargo”, la resolución del final me pareció precipitada. Creo que es uno de los pequeños defectos de la escritora: en las últimas treinta páginas se revelan cosas que se pueden sospechar desde el principio y, aunque causan enternecimiento, producen efecto de choque. O de incomodidad, al menos. SPOILER De repente, Harriet desaparece de la vida de Emma después de la confesión y hay un corte brusco en las relaciones, a pesar de que pase el tiempo. Me decepcionó que Emma se casara y tirara por la borda sus convicciones, pero bueno... Si se enamoró no la culpo. FIN DEL SPOILER Los cabos sueltos se dejan así como están y no pude atisbar un esfuerzo por terminarlos de buena manera. 

Con Emma queda reforzada la idea de que hay elementos que no se pueden juntar sólo porque se le ocurre a una sola persona sin tener en cuenta los sentimientos de la otra. Aun así, predomina (guste o no guste) la conveniencia por sobre los sentimientos. Austen no ofrece muchas salidas a esto: si alguien ama a una persona de baja condición, entonces las amistades y el trato hacia ella cambiará de acuerdo a cuántos escalones baje. Si los sube, obviamente, tendrá más beneficios. Y esta novela lo aclara y lo explica con lujos de detalles, además de cierta insistencia. Allí está la habilidad de Austen. Puede llegar a ser muy instructiva… y muy convincente. 

Emma se toma o se deja. A pesar de que el inicio del libro no tenga un brillo que invite a seguir leyendo, lo bueno empieza a surgir a los pocos capítulos. Ya no se vuelve tan largo y los personajes adquieren forma junto con la trama. Reconozco que Emma no es la protagonista más simpática del mundo y le falta mucho para ser Lizzy Bennet, pero tampoco encuentro razones para odiarla fervorosamente. El libro en sí mismo me pareció uno de los mejores de la autora (siempre me quedará la duda sobre lo genial que hubiera sido Sanditon) y lo recomendaría para lectores pacientes que no le teman a personajes no muy heroicos.